Cajón desastre |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2006.
- ¡Con madera!- gritó Raquel- Pero si es muy fácil. Compramos o cogemos madera y hacemos un cajón grande y alto. La solución era tan simple que todas se preguntaron cómo no se les había ocurrido antes. Ahora ya se hacía tarde para permanecer allí. Tendrían que reunirse mañana en el recreo y tomar de nuevo decisiones. Fueron todas juntas hasta La Solana y allí se despidieron hasta el día siguiente. Estaban de muy buen humor: los chicos no habían ido a molestar y ellas habían resuelto los graves problemas que planteaba la construcción artesanal de un globo. Una tarde estupenda. La reunión matinal fue un éxito: se acordó que cada una acaparara cuanta tela pudiera conseguir y se formó una delegación para comprar la madera necesaria; según sus cálculos, no sería mucha, porque todas podían aportar algún cajón inservible y cosas por el estilo. - Mañana otra vez aquí para ver lo que tenemos; y por la tarde, a Santa Isabel- concluyó Amanda. Pero hasta la llegada de la tarde siguiente, hubo de transcurrir la de aquel mismo día, una tarde en la que diecisieta pacientes madres tuvieron que soportar las insistentes peticiones de tela hechas por sus hijas a intervalos de cinco minutos. A la pregunta materna: - ¿Para qué la quieres? respondía la hija evasivamente: - Para una cosa. Como las chulapas de don Hilarión: una morena y una rubia. El rubio y el moreno. El serio y el guasón. El guapo y el resultón. Hicieron época sus métodos, su aspecto y su vestimenta. No había adolescente, de cualquier sexo, que no quisiera un jersey como el de Starsky, y una cazadora como la de Hutch (no la de esta imagen, sino la blanca y azul marino tipo College). Y el coche de Starsky, el Ford Torino rojo, inconfundible, llevó a muchos a la invención del tunning. Otros personajes de la serie: el capitán Dobey (con más paciencia que Job) y el confidente chulillo Huggy Bear. No me perdía ni un episodio. Ni yo ni nadie. Ava Gardner en una imagen preciosa de colorido kitch absolutamente evocador. No sé a qué película corresponde esta foto. Ni siquiera sé si en realidad se trata de un fotograma de promoción. Tal vez es sólo una fotagrafía del estudio para la prensa. En cualquier caso, los ojos de Ava reflejan una serenidad que desmiente esa pose entre altiva y sensual. Mira a la cámara, pero su pensamiento está en otro lugar. ¿En qué pensaría mientras posaba? ¿Qué clase de idea le proporcionaba la paz que se advierte en la mirada? Más allá de cualquier otra consideración, la foto es preciosa y es una gozada contemplarla. Si es que era un hombre, ¡qué se puede esperar! Freud, muy listo, muy inteligente, científico y todo lo que tú quieras, lector, pero hombre al fin y al cabo. ¿Qué esperabas que tuviera en la cabeza? Mira con atención, lector: ¿dirías que son paralelas? ¿o no lo son? Una pista: fíjate en las líneas, no en los cuadrados. Mike Donovan (Marc Singer) y Ham Tyler (Michael Ironside), de la Resistencia. La doctora Julie Parrish, líder de la Resistencia (Faye Grant) Cuento recogido por Sara C. Bryant, adaptado por M. Eulàlia Valeri e ilustrado por Fina Rifà, en versión castellan de T. Ackerman. Se trata de un cuento de estructura encadenada que favorece el desarrollo de la memoria. Muy válido también para aprender verbos. Curiosa fotografía de dos grandes estrellas ejerciendo de militares en la vida real. Ocurrió durante la segunda guerra mundial. Ellos no necesitan presentación: Clark Gable y James Stewart. Tú, amable lector, ¿qué dirías?: ¿la puerta está girando hacia adentro? ¿lo hace hacia afuera? ¿O no es posible ninguna de ambas cosas? La naturaleza de la cosa en cuestión no fue desvelada, pero el aburrimiento de las madres pudo más que su prudencia o su curiosidad y terminaron por abstecer a sus hijas de aquello que tan anhelantes pedían, sin insistir mucho en sus justas indagaciones. El resultado fue que diecisiete chicas aventureras de sexto curso pudieron reunirse al día siguiente con la alegría de haber obtenido lo que necesitaban para su aventura sin verse obligadas a revelar el secreto tan celosamente guardado. Quien más, quien menos, podía aportar alguna sábana vieja, alguna cortina inservible condenada para trapos... Respecto a la madera, decidieron que lo mejor era comprarla toda y no andar haciendo empalmes. Rocío, Tere, Raquel y Luisa irían por ella después del colegio y la llevarían a Santa Isabel. Y así fue: aquella tarde se reunieron todas allí. Presentó cada una lo que había conseguido y se formaron tres grupos: uno de vigilancia, compuesto por dos parejas que se situaron respectivamente en la Roca del Dinosaurio y en la Roca Zapatera; otro de costureras, encargado de coser las telas; y el tercero, cuya misión sería costruir el cajón para el globo. Las centinelas se encaminaron marcialmente a sus puestos: Tere y Luisa, al Dinosaurio; Gemma y Beatriz, a la Zapatera. Inma, Pili y Rocío se situaron junto a unas rocas que ocultaban el camino y, armadas de clavos y martillos, se prepararon para dar forma a las planchas de contrachapado caídas a sus pies. Las costureras, puesto que necesitaban más espacio, se situaron en la explanada; se sentaron formando un gran círculo; fueron extrayendo las telas de las bolsas en que las habían traído y extendiéndolas, confrontando unas con otras. - Queda muy raro- opinó Mari Carmen, observando el resultado. - Bueno, mujer, tampoco va a ser perfecto. Y además, cuando se llene de aire sí parecerá un globo- la tranquilizó Raquel. Animadas por estas palabras, siguieron con su tarea. Procurando no mover las telas, María José se desplazó a gatas hasta el empalme central y fue prendiendo con alfileres los dobladillos de una sábana azul desgastada y una cortina enorme teñida de colores chillones. Al mismo tiempo, Ana hacía lo propio con otro de los dobladillos de la cortina y el más corto de una pieza informe de tela blanca. Los alfileres se habían agotado, y el tiempo también. Si miras fijamente a la cruz marcada en el centro del círculo, empezarás al cabo de unos segundos a ver los circulitos que lo forman de color verde, y, finalmente, dejarás de verlos. Haz la prueba. Confío en no ser la única que recuerde esta serie, LOS PROTECTORES, con Robert Vaughn, Nyree (apellido impronunciable) y Tony Anholt (el Tony Verdechsky de ESPACIO 1999). Mi recuerdo es grato, porque yo tenía siete años y el sábado por la noche me dejaban quedar despierta hasta tarde (las diez de la noche) para que pudiera verla. Eran unos personajes con glamour, como Los Vengadores. No en vano la protagonista femenina era una condesa italiana bellísima y elegante que lucía unos modelos de impresión, la condesa Contini. Había una vez un circo... ¿Hay alguien que no recuerde la canción? ¿Hay alguien que no conozca las canciones de Los Payasos? ¿Hay alguien que no haya pasado ratos estupendos viendo el circo de la tele? Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, Los Payasos de la Tele, cuánto nos hemos reído con sus historietas... Recuerdo a Fernando Chinarro, un actor que participaba en todas ellas. ¿Cómo están ustedes?, y todos respondíamos a voz en grito incluso en casa. "¡Bieeeeeen!". Nadie podrá olvidarlo. ¿A quién ves tú, lector? ¿A la joven de larga melena y cinta en el cuello? ¿O a la vieja de sonrisa bondadosa, nariz prominente y cuello de gola? Adivina, lector impenitente, qué dos animales en peligro de extinción representa esta sola imagen. PISTAS: sólo están en peligro de extinción los de cuatro patas, aunque nunca he sabido porque a los de dos se les llama así, agraviando a los de cuatro; es un animal rollizo y tiene equivalentes humanos. Hace unos meses murió Andrés. Hoy habría cumplido cuarenta y dos años. Muchos perdimos un amigo, a todos se nos fue con él un pedacito entrañable de adolescencia. Estés donde estés, Andrés, una parte de tí vivirá siempre en el corazón de los que compartimos un trocito de nuestras vidas contigo. Entraron en el pub y fueron recibidas con carcajadas: era evidente que, al hacer su aparcición, estaban en boca de los presentes, es decir, de Esteban, Elena, Carlos, Pepe, Pedro, Paco y Luis. Ellas se dieron perfecta cuenta y, con excelente humor, corearon las risas de los demás. - ¡Qué estaríais diciendo de nosotras!- se preguntó Ana con un tonillo a la vez irónico e in dulgente. - Nos estabais poniendo verdes, seguro- aventuró Carmen con más energía y el mismo buen humor. Tenían razón y se la dieron: hablaban de ellas. Pero se habían equivocado en una cosa: no era para mal. Esteban preguntó por preguntar: - ¿Un té y un café? Asintieron ellas. Al momento, tuvieron sobre la barra sus infusiones. Ana se regoció con su café: había en él mucha crema; con la cucharilla empezó a comérsela, como solía hacer. Y comenzaron a burlarse todos de su forma de tomar el café, sosteniendo el platillo con la mano izquierda bajo la taza, y asiendo ésta con la derecha. - Es como un rito- bromeaba Carlos. - Es porque gotea- ofrecía Ana explicación práctica. Cuando ésta había terminado ya su infusión y Carmen aún no había tomado un solo sorbo de la suya, llegó Tasio. - ¿Cómo tan tarde?- se interesó Carmen. - Ya ves, alhaja, no he podido subir antes. Ni dio más explicaciones ni nadie se las pidió. Esteban le sirvió su whisky con agua, sin darle tiempo a pedirlo. Por fin, Carmen se decidió a empezar su té. Eran casi las tres de la madrugada cuando Pepe, que se marchaba a casa, se ofreció para llevarlas a las suyas. Carlos, Ana, Carmen y él se despidieron de los demás, que ya se habían preparado para echar un partida de mus. Caminaron un trecho hasta llegar adonde Pepe había aparcado. Carlos y Carmen se disputaron el asiento de delante y fue él quien salió finalmente vencedor, de forma que las dos chicas subieron detrás. Carretera adelante, giro a la izquierda y ya estaba Carlos a la puerta de su casa. Quedó libre el asiento delantero, pero no lo ocupó Carmen: Ana, cediendo a un impulso irresistible que la asaltaba siempre en el coche de Pepe en semejantes circunstancias, saltó a él desde atrás. Y estuvo a punto de romper algo. - He pisado algo. - Un espejo de ésos con dibujo que me regalaron por mi cumpleaños. - ¡¿Y lo llevas ahí?! ¡¿Todavía?! El asombro respondía a un doble motivo: el lugar donde Pepe había dejado el espejo y el mucho tiempo que hacía de ello, puesto que su cumpleaños había sido en febrero y estaban en julio. Él era así de descuidado, como Ana y Carmen habían podido comprobar por otros muchos detalles anteriores, de forma que ambas terminaron por asombrarse de su propia extrañeza. De todos modos, Pepe no se escapó sin una buena reprimenda de la que hizo caso omiso: cuanto le dijeron le entró por un oído y le salió por otro. EL AMIGO COMÚN. SIEMPRE INTENTADO HACERLE REÍR CUANDO ELLA ESTABA AL BORDE DE LAS LÁGRIMAS, AL LÍMITE DE SUS FUERZAS. CONSIGUIÉNDOLO SIEMPRE, CASI SIEMPRE LOGRANDO ARRANCARLE FINALMENTE UNA SONRISA, UNA RISA LEVE Y AGRADECIDA. Belén, muy previsora, había ido dibujando sobre un papel la disposición de las telas, de modo que pudieron recogerlas sin ningún problema y devolverlas a sus bolsas. Doblaron con mucho cuidado las tres piezas provisionalmente unidas y las guardaron aparte. - Podemos llevarlo todo a mi casa, que está muy cerca- propuso Rocío. A todas les pareció una buena idea. - Pero, ¿tu madre?- objetó la prudente Luisa. - Bah, no dice nada. Pero no era eso lo que Luisa temía. - Se va a enterar- aclaró- - No. La he dicho que estamos preparando un disfraz de piratas y se lo ha creído. Todas aplaudieron el ingenio de Rocío. El día había sido provechoso por lo que se refiere al globo, pero no podían decir lo mismo si pensaban en el cajón: Pili, Inma y Rocío no habían conseguido montar sobre la base ni un solo lateral, aquello era más difícil de lo que creían. Heridas en su amor propio, se prometieron a sí mismas que lo conseguirían o morirían en el empeño. Como Rocío había asegurado, su madre no dijo nada, pero su cara empalideció un poco cuando vio aparecer aquel ejército armado con bolsas y tablas. Se sintió más tranquila cuando su hija le explicó: - Mamá, vamos a dejar esto en el patio. Luego me voy a jugar. El terror indefinido que se había apoderado de mamá, desapareció al oír esto. Señor Esteban: Parece deducirse de su carta, que quien se ocupa directamente de la casa y los niños es su esposa. ¿Ha consultado con ella la posibilidad de aumentar la familia? ¿Ella está de acuerdo? Porque si es así, no lo entiendo. Para usted será un placer enorme disfrutar de sus hijos, pero ¿cuánto tiempo pasa usted con ellos? Si de verdad es un obrero, como usted dice, no creo que sea mucho. Es su mujer la que lleva a cabo todas las tareas cotidianas, rutinarias y agobiantes que trae consigo el tener hijos. Es relativamente fácil llegar del trabajo, descansar un rato y luego entretener un ratito a los niños mientras mamá, que no descansa, prepara los baños, las cenas, se ocupa de acostarlos. Previamente, a lo largo de todo el día, ha tenido que levantarlos, ocuparse de su aseo y alimentación, llevarlos al colegio si están en edad escolar, realizar todas las tareas domésticas imprescindibles para la buena marcha de la casa (limpieza, lavar, tender, recoger, planchar y guardar ropa, hacer la compra y la comida), regogerlos del colegio para volver a llevarlos por la tarde si no tienen jornada continuada, hacerles comer, llevarles de nuevo al cole, recoger la cocina y después a los niños, llevarlos a posibles actividades extraescolares y ocuparse de las meriendas... Eso si no hay bebés a los que cambiar pañales... Y, desde luego, que no se pongan enfermos, porque es mamá quien los lleva al médico y quien hace todas las guardias nocturnas. Por no hablar de los nueve meses de embarazo, que en el mejor de los casos es una situación incómoda, con molestias constantes, y del parto y el postparto. Vamos, que los hijos de familia obrera suelen ser de la madre, si usted me entiende. Señor mío, hable usted con su mujer porque no puedo creer seriamente que ella esté de acuerdo en esclavizarse aún más. Y si lo está, es que algo falla. Y eso se lo dice con conocimiento de causa una madre de tres hijos, ama de casa y esposa de un obrero como usted. Sobre la RESPUESTA A UN PADRE, DE UNA MADRE: Queridos lectores, yo no me he inventado la carta del señor Esteban, por mucho que parezca hecha en broma. La pueden leer en su contexto original, o al menos en la página donde yo la he encontrado, www.familiasnumerosas.org en la sección Participa, dentro de la pestaña Cartas al Director. Pueden acceder a dicha página haciendo click en esta dirección o en el enlace Familias Numerosas. DIFICULTADES En la segunda tarde de trabajo apenas cundió la labor. - Mi madre me ha dicho que las cosas primero se hilvanan y luego se cosen a máquina- anunció Gemma. Y aquí surgió la primera dificultad, porque hilvanar no sería muy difícil, pero ninguna sabía coser a máquina y no creían a sus madres muy dispuestas a perder su tiempo en hacerles ese trabajo. - Mi madre sí- aseguró Ana. Pero no resultó cierta su contundente afirmación y se encontraron al tercer día con varias piezas mal hilvanadas y cinco tablas, porque tampoco Inma, Rocío y Pili habían avanzado nada. La madre de Ana estaba sobrada de buena voluntad, pero falta de tiempo por el momento, y si querían que lo cosiera, tendrían que esperar a que pudiera encontrar un hueco entre sus ocupaciones. Por su parte, las carpinteras habían calculado mal la longitud de los clavos y no habían podido hacer nada. Lo malo era que ahora, ya provistas de otros suficientemente largos, no sabían muy bien cómo hacerlo. Y eso no era todo. Alguien había planteado un problema mucho más difícil de resolver: ¿cómo dirigirían el globo? ¿cómo harían para que bajara? Haciendo caso omiso a estas sensatas objeciones, siguieron trabajando aquel tercer día hasta la caída del sol. Pero una vocecilla resonaba en sus conciencias, una vocecilla que invadió sus sueños esa noche: ¿Cómo dirigir el globo? ¿cómo hacerlo bajar? La despierta mente de Mari Mar le inspiró una idea: consultaría los libros de su hermano mayor, que ya estaba en el instituto; seguro que traían algo referente a globos, aviones y cosas así. Al día siguiente propuso a sus amigas buscar información en libros adecuados. Se aceptó la propuesta por unanimidad. Esa tarde no se reunieron, sino que la dedicaron a la labor investigadora. Rocío, Raquel y Luisa no habían mirado nunca los libros de texto con tanto interés y entusiasmo como miraban ahora los que tenían ante sí y cuyos títulos eran tan prometedores e incitantes como "Cinco semanas en globo"", "Globos aeróstaticos: la aventura de volar", "Deportes aéreos", y alguno más con palabras parecidas impresas en la cubierta. - ¡Bah! Aquí no dice nada- exclamó Luisa soltando desdeñosamente "Deportes aéreos". Rocío intentaba descifrar los párrafos oscuros de "Globos aeróstaticos: la aventura de volar", con infructuosos resultados. Raquel, leyendo a Julio Verne, casi se había olvidado del motivo inmediato y práctico por el que lo leía. Finalmente, toda su aplicación de aquella tarde resultó inútil. Se unieron todas desoladas al día siguiente en el recreo: nadie había encontrado nada. Pero ninguna estaba dispuesta a rendirse, eso no. Lo intentarían de nuevo aquella tarde. Y aquella tarde corrieron la misma suerte: lo que entendían no les servía, y lo que no entendían no les servía tampoco porque, aunque les sirviera, no eran capaces de descifrarlo. Sólo les quedaba un recurso: pedir ayuda. Tal vez el hermano de Mari Mar quisiera explicarles todo eso tan difícil que no lograban comprender aun cuando lo estudiaban afanosamente. Se aferraron con todas sus fuerzas a aquella última posibilidad. Cuando salieron del colegio por la tarde, Mari Mar corrió a casa y fue directamente al dormitorio de su hermano, sin pasar por la sala, donde estaba su madre, a la que saludó al paso con un ruidoso "Mamá, ya he venido", ni por su propia habitación. Cuando Tomás escuchó lo que su hermana pequeña tenía que decirle, soltó una carcajada. - Estás como una cabra, niña. Sois tontas, tus amigas y tú. - ¿Por qué?- preguntó Mari Mar airadamente. - Pues porque no podéis hacer un globo así como así. Después de oír la explicación tan razonable que Tomás añadió a esa negativa, Mari Mar fue incapaz de reaccionar ante la estrepitosa venida abajo de su sueño aventurero. Durante toda la noche estuvo pensando, intentando convencerse de que su hermano estaba equivocado, pero al fin hubo de reconocer que las equivocadas eran ellas. Ahora el problema era cómo se lo diría a sus amigas. Seguramente iban a recibir la noticia tan mal como ella misma la había recibido, y por eso le daba pena tener que comunicársela. Cuando estuvo al día siguiente ante ellas, repitió punto por punto la explicación de Tomás. Todas sin excepción se negaron a admitirla. - No puede ser- decían unas. - Tu hermano no sabe nada- se oía decir a otras. Pero en el fondo habían comprendido que Tomás tenía razón. Ninguna quería resignarse a admitir la verdad y se pusieron todas de acuerdo, incluso Mari Mar, contagiada por la terquedad de las demás, para seguir buscando una solución aquella tarde. HABRÍA SIDO DIVERTIDO VOLAR EN GLOBO Diecisiete caras compungidas se reunieron en un rincón del patio del colegio una soleada mañana de primavera, a la hora alegre del recreo. Ninguna de sus diecisiete parlanchinas bocas parecía querer ser la primera en abrirse. Con una tarde de investigación desesperada y una noche de triste meditación por medio, la desagradable realidad había terminado por imponerse. Por fin, Amanda rompió el pesado silencio: - No encontré nada. La frase se repitió unas cuantas veces. Finalmente, Pili pronunció lo que todas pensaban y no querían decir: - Yo creo que Tomás tenía razón. Se dejaron oír voces airadas de protesta, pero se notaba demasiado que trataban de convencerse a sí mismas. Eran sólo un resto de rebeldía ante el fracaso de su aventura. Esa tarde hubo chicas que, contra toda lógica, siguieron intentando construir el globo, pero ya la desilusión iba ganando terreno a la rabia del fracaso y una de estas chicas fue la que, en el recreo del día siguiente, melancólica bajo un sol radiante de primavera, suspiró: - ¡Habría sido divertido volar en globo! FIN 11-Julio-1990 Haz exactamente lo que dice el texto de la imagen, querido lector y dime qué lees. Si no eres capaz de leerlo, malo. Observa la imagen, lector: ¿está o no está deforme? La clave para resolver la cuestión es mirar los cuadrados blancos y azules del mismo tamaño. "El último merovingio" es una novela escrita por Jim Hougan. Es una obra desigual. La trama es verosímil en muchos aspectos, pero no en otros. El interés no se mantiene a lo largo de toda la obra porque se dan muchas explicaciones demasiado pronto. Siendo así, se hubiera requerido un ritmo más rápido, es decir, abandonado el suspense, tendría que haber sido más trepidante la acción, algo que no se consigue del todo. Los personajes están bien construidos en general, pero tampoco se profundiza en ellos, ni en la relación que puedan tener. Esta novela de Hougan podría haber sido muchas cosas, o haber sido una gran novela de un género determinado, pero se queda en todo a la mitad. Aún así, se lee con cierto agrado y la trama presenta algún interés. Preciosa novela escrita por Antonio Skármeta. Narra la especial relación que se establece entre el poeta Pablo Neruda y el cartero que se ocupa de llevarle el correo hasta Isla Negra; todo ello con el fondo de un Chile convulso política y socialmente. Es una novela de sentimientos que dice lo que narra y lo que calla. Los personajes están perfectamente logrados, están vivos, son de carne y hueso, y la relación que se establece entre todos ellos está contada de una forma tan clara y al mismo tiempo tan poética que es una maravilla. Una gozada de lectura. El truco está en que sólo se mueven, o dan sensación de moverse, aquéllos que no miramos fijamente. La fijeza de nuestra mirada, fija el movimiento y lo detiene. Comprobadlo. Por curioso que resulte, tratándose de una fotografía de Ava Gardner, este artículo no es de Cine, sino de moda. Observen el modelazo de Ava: ese escote, esa línea sirena sólo puede permitírselos alguien con un cuerpo como el suyo. No sé quién firmaba el impresionante vestido de noche, pero tampoco hace al caso. Si siguen la prensa rosa, recuerden la boda de Luis Alfonso de Borbón con Margarita Vargas, hagan memoria y piensen en la madrina, la madre del novio, Mari Carmen Martínez Bordíu y su modelo de John Galliano para Dior. Parece un calco del que luce Ava en esta imagen, sólo faltaría conocer el color del que luce la estrella para terminar de establecer comparaciones. Hay que reconocer que la madrina iba espléndida, no sé si adecuada a la ocasión o no, pero muy guapa y luciendo tipo (ella puede). Pero al lado de Ava, sale perdiendo. Mari Carmen, estupenda; Ava, insuperable. Y sobre Galliano: ¿inspiración o plagio? Pues señores, he aquí que suprimida la ch, si deciden prescindir también de la ñ, no sólo nos dejan sin el poco léxico coloquial que nos quedaba para referirnos al sexo femenino, sino que nos dejan además sin nombre propio para el Reino de España. ¿Cómo lo llamaríamos? ¿Este país, antes llamado España? Desde luego, ya no podríamos irnos de cañas con los amigos, pero tampoco extrañaríamos a los ausentes, no hay mal que por bien no venga. Lo siento por los políticos (en realidad no lo siento, es sólo una forma educada de hablar; la verdad es que todos ganaríamos mucho en este caso): ya no podrían hacer campaña. (Eso sí que estaría bien, casi me dan ganas de pedir que supriman la ñ) Tendríamos días, semanas y meses, pero no años (por una simple cuestión de buen gusto prescindo de escribir el sustituto obvio al vocablo). Habría que reestructurar el transcurso del tiempo, casi nada. También afectará al campo anatómico: nos vamos a ver sin pestañas, sin muñecas (¡¿cómo diantre vamos a sostener las manos?!) Y para colmo nuestros hijos ya no lo serán de nuestras entrañas. Los niños ya no serán niños ni podrán jugar con muñecos. No nos alegraremos los Santos con buñuelos y castañas asadas; no podremos celebrar los cumpleaños (quedaría feísimo celebrar los cumpleanos) Habrá quien pueda verse en situación comprometida: al no poder recurrir al impersonal vocativo "Cariño", deberá utilizar el nombre propio de la pareja. Si no hay terceros, no hay problema. Pero si existe el otro o la otra (¡Viva la copla! y que viva doña Concha; Piquer, se entiende), existe también el riesgo, sobre todo en los momentos de intimidad amorosa, de equivocarse de nombre. ¡Qué situación! Para evitar la prolijidad, voy a dar por finalizado este artículo, pero reflexionen, queridos lectores: ¿CÓMO SOBREVIVIREMOS SIN LA ESPAÑOLÍSIMA Ñ? He de confesar mi educación anticuada y mis modales obsoletos. Pertenezco a una generación que daba mucha importancia a las formas, a los llamados buenos modales. No creo, como las feministas radicales, que la actitud que se muestra en la imagen implique menosprecio de la mujer, todo lo contrario. El caballero y caballeroso Clooney besa la mano de Raquel Weisz con respeto y casi con veneración. Querido George, me has dado una razón más para admirarte; me has devuelto a la adolescencia cuando al perderla perdí mi mitomanía recalcitrante. Siento por tí un amor platónico de jovencita soñadora y sé que si me besas como lo haces en la imagen con tu compañera, me derrito como chocolate puesto al fuego. Te equivocaste de Raquel, querido. Precioso cuadro, pero sujeto a interpretaciones. Dime, lector: ¿ves el elegante perfil de un varón barbado de serena mirada? ¿O acaso ves el de una mujer leyendo frente a una ventana que luce recogido el cortinaje dejando pasar la luz? Veas lo que veas, es hermoso. |