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Cajón desastre

LA NOCHE NOS ATRAPA

Ana propone jugar al asesino. Marta y Paula no conocen las reglas y Ángel, Carmen y Ana intentan explicárselas interrumpiéndose unos a otros, hablando todos al mismo tiempo e incluso contradiciéndose. En medio de tal confusión, Marta trata de imponer orden.

- Bueno, que lo diga uno solo, porque así no nos aclaramos.

Ana toma la palabra.

- Se reparte una carta a cada uno. El que tenga el as de oros es el asesino; tiene que guiñar un ojo a alguien, y ése es el muerto; al qeu le toque el rey de oros es el policía y tiene que descubrir al asesino. Ah, cuando alguien vea que le guiñan el ojo tiene que decir "muerto". La carta no te la tiene que ver nadie, claro. Está muy bien, porque acaba mirándose todo el mundo con ojos de lobo y muertos de risa.

Van a probar. Marta baraja y reparte. Con mucho cuidado de no dejársela ver,  cada uno levanta su carta y la mira. Empiezan a mirarse unos a otros con fijeza y apenas pueden contener la risa. Por fin se oye:

- Muerta.

Pero han sido dos las voces. Lo que empieza ahora es el desconcierto. ¿Quién ha matado a Paula? ¿Quién es el asesino de Carmen? ¿Ha hecho trampa el asesino? ¿Una de las dos víctimas no lo es? Ángel descubre su as de oros y se encara riendo con Paula.

- Pero si yo he matado a ésta- dice señalando a Ana.

- Si Ana me ha guiñado el ojo- protesta Paula.

- Conque me lo ha guiñado a mí...- rectifica Carmen.

- Yo que voy a guiñar el ojo a nadie, lo que he hecho ha sido parpadear- aclara Ana.

- Y no has visto que te lo guiñaba yo- concluye Ángel.

Marta hubiera tenido muy difícil su labor de policía con el lío que han formado: una muerta que no sabe que lo es y dos presuntas víctimas que creen serlo de la verdadera.

Se han reído tanto con este primer intento que deciden jugar otra vez.

 

HABÍA PERDIDO LA PAZ, PERO A RATOS ENCONTRABA ALEGRÍA. NO ERA FELIZ, PERO OLVIDABA A RATOS SU TRISTEZA. NUNCA HABÍA PERDIDO SU CAPACIDAD DE REÍR. Y RIENDO RECUPERABA A VECES PARTE DE SÍ MISMA, LA PARTE DE SÍ MISMA QUE ÉL LE HABÍA ROBADO. ÉL LE HABÍA HECHO ENTRAR EN UN TORBELLINO IRREVERSIBLE: YA NUNCA PODRÍA SER LO QUE FUE, NO PODRÍA NUNCA RECUPERARSE, HABÍA CAMBIADO, ERA OTRA, ERA ABSOLUTAMENTE OPUESTA A LO QUE FUE, Y NO PODÍA ASUMIRLO. ÉL ERA UNA FRONTERA EN SÍ MISMA: ANTES DE ÉL, DESPUÉS DE ÉL. A VECES LO ODIABA POR ELLO Y SE SENTÍA INCAPAZ DE PERDONARLO.

SE SENTÍA JUZGADA, DESPRECIADA, INCOMPRENDIDA. SE REBELABA, SE ENTRISTECÍA, SE DESENTENDÍA Y SE AFERRABA AL BUEN HUMOR PARA SALVARSE DE LA DESESPERANZA Y DE LA AMARGURA. SÓLO ERA UNA PERSONA NORMAL CON LOS MISMOS SENTIMIENTOS Y DESEOS QUE LOS DEMÁS. ¿ERA ESO TAN DIFÍCIL DE ENTENDER? ¿NADIE IBA A SER CAPAZ DE DARSE CUENTA? TODA LA CULPA ERA DE ÉL. LO ODIABA, LO ODIABA, LO ODIABA.

 

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2 comentarios

Raquel -

Por contradictorio que parezca, me sorprendes y no me sorprendes.

Anónimo -

Me suena mucho más lo escrito en mayusculas.
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