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Cajón desastre

BRUGUERA y mi infancia

BRUGUERA y mi infancia

Pues sí, el título responde a la realidad. Conservo las colecciones de Sissi, de Bonanza y algunos títulos de otras como Rin-tin-tin, o Nancy. Eran una lectura amena para despertar el interés de los más jóvenes. Conmigo lo consiguieron, vaya que sí. Tengo recuerdos entrañables de aquellos días en que le pedía a mi madre veinte duros para comprar uno de estos libros. A mi regreso de la librería, le daba la vuelta (valían ochenta pesetas) y me ponía a leerlo. Tardaba más o menos una hora u hora y media y volvía a pedirle la propina para comprar otro. Mi madre jamás me negó el dinero para ello. Gracias, mamá. Esas lecturas me proporcionaron unos ratos estupendos en los que mi imaginación volaba.

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4 comentarios

Raquel -

Tendría que adornar mucho la mía para que fuera interesante.

Anónimo -

Siempre queda una historia que contar: la nuestra.

Raquel -

La imaginación se me va agotando, no creas. Ya casi no se me ocurren historias que contar.

Anónimo -

Pero querida, si a ti te sobra imaginación.
Aunque esas lecturas hayan ayudado a que volaras más.
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