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Cajón desastre

UN SABIO

UN SABIO

Transcribo completa la entrevista que Amilibia le hace a Manuel Alexandre y que se publica en el número de hoy del diario La Razón, en la contraportada. Y lo hago porque no tiene desperdicio. ¡Qué lección de vida y de sabiduría nos da don Manuel! 

Manuel Alexandre, actor: «¿Qué me puede ya dar miedo?»

AMILIBIA

-Así que en la película de Antonio Mercero que ahora se rueda («¿Y tú quién eres?») usted es el abuelo que la familia deja en la residencia de ancianos cuando se va de vacaciones...
   -Así es. En verano, ya se sabe, se abandona al abuelo y al perro. Es intolerable. A ver si esta película ayuda a cambiar costumbres...
   -Interpreta a un enfermo de alzheimer. ¿Toca madera?
   -No soy supersticioso.
   - Pero ¿no le da un poco de...?
   -A mis 88 años, ¿qué me puede dar miedo? Si hasta ahora no me ha dado, no creo que me dé ahora. Es cosa genética: mi padre llegó a 101, fumaba puros y bebía ginebra.
   -No es amigo de lo políticamente correcto: no le gustan términos como tercera edad, mayores...
   -A mí me gusta la realidad. Y la realidad es que soy viejo. Viejo suena noble, suena bien. ¿Por qué decir otra cosa?
   -¿Qué es lo peor de ser viejo?
   -Lo peor es todo lo que te impide hacer la edad.
   -¿Por ejemplo?
   -Nunca elijo nada, ni lo peor ni lo mejor... Para qué hacer listas. De poder elegir, me hubiera gustado ser más alto. Soy bajito y por ello he perdido muchos papeles. Tengo complejo y, además, no me gusto. No por feo, que nunca lo he sido, sino por lo poca cosa que soy. Me miro en el espejo y digo: mira qué birria...
   -Dice Woody Allen que no se gana nada, que no hay emociones especiales.
   -No se gana nada, sólo se pierde. Ser viejo es tener menos de todo. Hombre, yo de momento veo y oigo bastante bien. Y, con buena luz, aún leo sin gafas.
   -Ha hecho cerca de 300 películas. ¿Las ha visto todas?
   -Te las enseñan al acabar y hay que ir, sí. Pero no me gusta verme. En casa sólo tengo un par.
   -Casi todos los actores mayores de 60 años están en el paro...
   -Sí, es verdad, yo no me puedo quejar. Si hay un viejo muy viejo, de 88, me lo tienen que dar, porque soy el mayor de todos los que están en activo. Pero muchos actores viejos lo están pasando muy mal.
   -¿Y de quién es la culpa?
   -Pues de los que escriben, los productores, los medios, los que crean las modas, porque esto es una moda. Antes salía un director de banco y tenía 60 o 70 años. Ahora tiene 40 o 50.
   -Vivimos la dictadura de lo joven...
   -No son ellos los culpables, sino las modas. Se hace cine para jóvenes con jóvenes. Eso vende.
   Escuchar. -No tiene la tentación de decir lo que piensa. ¿Tímido?
   -No. Es que me gusta más escuchar que hablar. Y además, no comparto casi nada de lo que se dice. Y como no me gusta discutir, me callo.
   -Ah, por eso ha sido tan feliz con las mujeres...
   -Claro. Lo he pasado muy bien con ellas. ¿Que decían vamos para allá? Pues vamos para allá. Siempre les he dado la razón.
   -Dice que ya no cree en nada.
   -Creo en muy pocas cosas. Y no me haga decir cuáles son...
   -Yo antes no creía en nada; ahora, ni eso. (Chumy Chúmez).
   No lee la prensa ni ve los telediarios. Se fía de lo que le cuentan los amigos de confianza, como Álvaro de Luna. No le inquieta nada: le duelen las guerras, «no creo en el hombre, sé que no es bueno, y yo el primero, ¿eh?». Le hubiera gustado ser el Marqués de Bradomín, «de Valle-Inclán me gusta todo, menos sus desgracias». Se considera un hombre con suerte, «me ha ido bien hasta en el amor». Para animarse toma ginebra con agua. Ha visto «Casablanca» diez o doce veces. Tiene unos zapatos con 8 centímetros de alza, «pero no los uso...»
   
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2 comentarios

Raquel -

No siempre, no creas...

anonima -

Sabia la vejez.
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