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Cajón desastre

LA NOCHE NOS ATRAPA

Las dos y media; habían dejado pasar entre bromas otro cuarto de hora. Se despidieron definitivamente y salieron del pub. Pedro vivía muy cerca y se fue a casa andando. Pepe tiene el coche, suben Carmen, Ana, Carlos y él. Dejan primero a Carmen; ante su puerta, Carlos ha subido a propósito el volumen del casete; Carmen y Ana se le echan encima:

- Baja eso.

- ¡Los vecinos!

Finalmente, Carmen se mete en casa. Continúan camino los demás hasta la de Ana. Pepe va pisando a fondo. Suenan los Blue Brothers. Los tres tararean la canción. Fin de trayecto: han llegado a la puerta de Ana. Intercambian unas cuantas bobadas más, incluida la de subir el volumen, y Ana baja del coche, dice "Hasta mañana", cierra, entra en su jardín, sube la escalera, abre la puerta y desapararece tras ella. El coche arranca y desaparece también al doblar la esquina.

Otra noche, una más.

Un día más: trabajo mañana y tarde. Y llega la noche, comienza en el bar.

- El dieciseis de junio- pide Ana al tiempo que deja sobre la barra dos monedas de veinte duros.

Tasio se vuelve hacia el calendario, busca la fecha y rasca: casilla en blanco. Como siempre, Ana ha perdido.

Pepe se anima y juega también; no consigue nada.

- Al diecisiete de mayo- juega de nuevo.

Tasio empieza a rascar: sorpresa, cinco mil pesetas que el ganador celebra con una risa contenida y los demás con una carcajada estruendosa.

Echa por tercera vez.

- Veintisiete de febrero.

Increíble: Pepe acaba de ganar otras cinco mil pesetas. La risa se les desborda a todos. A Pepe le va a salir gratis la noche. Una ronda corre por su cuenta. Tasio prepara las copas -el Dyck con cocacola, su Dyck con agua-, los refrescos y los cafés con hielo para Carmen y para Ana.

La puerta se abre y alguien da las buenas noches: es Carlos, que llega con su modo desgarbado de caminar y la cara de falsa desgana que pone a veces. Viene vestido vaquero de arriba a abajo: camisa arremangada y pantalón. Ana no sabe si Carlos se da cuenta de lo atractivo que resulta de espaldas, enfundado en los vaqueros que tan bien le sientan. Carmen y ella ya han cuchicheado alguna vez qué estupendo culo tiene Carlos y lo bien que le cae ese tipo de pantalón. A Ana le vuelve loca.

Le cuentan la suerte que ha tenido Pepe.

- Cabrón, invítate a algo- le da la enhorabuena.

- No me sale de los cojones.

Y a continuación, a Tasio:

- Ponle una copa.

Conversación trivial para una noche tranquila. Como de costumbre, cuando Tasio cierra van a ver a Esteban; esta vez suben todos juntos. Al llegar, encuentran a éste y a Elena tras la barra; mientras Esteban hace guardia, Elena cena un bocadillo de pimientos fritos.

- Como te cuidas...

- Qué bien te alimentas.

- Ya podías repartir.

A semejantes saludos, ella hace un ademán y, cuando  por fin puede hablar, responde:

- Tan rico que me está sabiendo. No he comido nada desde las tres. Bueno, sí, una sardinilla cuando he subido a casa a las ocho, conque imagina.

Y sigue engullendo con deleite su apetitosa cena.

Con las copas, Esteban les pone un bol de pipas.

- Dan apendicitis- advierte Ana.

Nadie hace caso de la advertencia. Alguien da la alerta: en la tele está Playboy. Todos vuelven la cabeza hacia el televisor y empiezan los comentarios. Carmen, Ana y Elena se ríen de los hombres.

- Se os pone cara de gilipollas- les dicen- da risa veros.

Esteban da su opinión: son programas instructivos. La opinión de Esteban es compartida por Carlos, Pedro y Pepe.

- Esto es cultura- afirma el primero.

- Síii, se aprende mucho- corrobora Ana bromeando.

- Se ve mucho- matiza Carmen.

Los chicos le llevan la contraria.

- ¿Qué! Si no se ve ná: unas tetas- protesta Carlos.

- Pero qué tetas...- ríe Pedro.

Pepe no está muy ingenioso esta noche y permanece en silencio. Cuando el Playboy termina, Elena cambia el canal; pasa al plus para ver una película de estreno.

Ana ha dicho algo a destiempo y todos empiezan a meterse con ella; ha contestado a una pregunta mal oída tres o cuatro interlocuciones antes y la respuesta no es tal ni viene ahora al caso. El primero en reírse del despiste es Pepe. Las horas corren que vuelan; la de irse ha sonado ya.

- Hasta mañana- despedida general.

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