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Cajón desastre

UNA AVENTURA DIFERENTE

UNA AVENTURA DIFERENTE

Rocío y Raquel escribían ligero, pero Luisa parecía tener problemas: el bolígrafo entre el índice y el corazón, apuntando hacia arriba, la mejilla en la mano y el codo sobre la mesa, intentaba encontrar una salida para la situación en que había puesto a sus  personajes. De pronto, se le hizo la luz: la había encontrado; rápidamente se inclinó sobre el cuaderno y dejó correr el bolígrafo; estaba encantada con la solución.

- Tengo que irme ya- anunció Rocío.

Luisa y ella se fueron juntas.

- Hasta mañana- se despidieron.

El martes las esperaba una mala noticia en el colegio: se acercaban los exámenes. De allí a dos semanas empezaría el suplicio.

Don Higinio y don Mariano, muy previsores, fijaron ya la fecha de los suyos, para que nadie pudiera protestar por falta de tiempo para prepararse.

Ese día no se habló de otra cosa mañana y tarde. Pero Luisa, Rocío y Raquel se dieron un respiro: era su cuarta reunión y la tercera que dedicaban a escribir, sus mentes estaban demasiado ocupadas con su labor literaria para preocuparse de exámenes en aquellos momentos.

Llevaban una media hora escribiendo, cuando Luisa anunció:

- Ya he terminado un capítulo.

Y comenzó a leerlo. A Raquel y a Rocío les pareció perfecto, salvo por una cosa: ¿de dónde habían sacado los chicos el alcohol con el que iban a quemar la cueva?

- Pues del barco- aclaró la autora, muy segura de lo que había dicho.

- Pero, ¿por qué iban a coger el alcohol del barco si no sabían que les iba a hacer falta?- preguntó Rocío, que a veces era muy lógica.

- Por si acaso- explicó Luisa, a quien esta razón le pareció suficiente.

Rocío no quedó muy convencida, pero sus dos amigas no necesitaban razones más firmes, y Luisa dejó el texto tal cual lo había escrito.

Ni Rocío ni Raquel habían finalizado ningún capítulo, pero la  historia de ésta avanzaba, mientras que el relato de la primera se había estancado en un punto no sin que antes de llegar a él la autora hubiera arrancado y hecho trizas algunas páginas poco satisfactorias.

Rocío pensaba en aquellos momentos lo fácil que resultaba todo en los libros de Los Cinco o en las películas de detectives que ponían en la tele.

Se estaba haciendo tarde para continuar, así que dieron por terminada su cuarta sesión y convocaron la quinta para la tarde siguiente. Pero al despedirse Luisa recordó que tenía un cumpleaños y no iba a poder reunirse con sus compañeras.

El miércoles sólo trabajaron Raquel y Rocío, pero el jueves volvieron a estar las tres. Una bandeja con bizcochos y chocolate las esperaba cuando llegaron a casa de Raquel.

- Merendad primero- les dijo su madre.

UNA AVENTURA DIFERENTE

UNA AVENTURA DIFERENTE

Estaban entusiasmadas. Cada una acogió bien las sugerencias de las otras y las tres enmendaron así alguna cosilla de sus relatos. Era estupendo escribir y contar una historia que había salido enteramente de su imaginación.

El trabajo había sido arduo y ya no tenían ganas de continuarlo aquella tarde. Las tres se pusieron de acuerdo para dejarlo por aquel día.

El siguiente era sábado, y no se reunirían ya hasta el lunes.

- Pero primero vemos "Islas perdidas" y luego ya escribimos- advirtió Raquel, que no quería perderse ni un solo episodio de la serie.

Pasó rápido el fin de semana y llegó el lunes; con él se reiniciaron las sesiones literarias. A las seis y media, las tres aprendizas de escritora estaban sentadas frente al televisor; a las seis y treinta y un minutos comenzaba "Islas perdidas": los cinco jóvenes náufragos intentan convencer a Jeremías de que les diga cuándo abandona el Kú sus dominios para ir allí e intentar descubrir su secreto; pero cuando han conseguido llegar, algo empieza a ocurrir en Tambú; están aislados en la morada del Kú y no advierten la conmoción de la isla.

Si querían conocer el desenlace, tendrían que ver el episodio del lunes siguiente.

- ¿Empezamos ya?- animó Rocío tras pasar un rato comentando "Islas perdidas" con tanto apasionamiento como si ellas fueran las sufridas y aventureras protagonistas.

Sin más dilación, haciendo caso de la sugerencia, se aplicaron con entusiasmo al trabajo.

UNA AVENTURA DIFERENTE

UNA AVENTURA DIFERENTE

- Esperadme, que me voy con vosotras- pidió Raquel a Luisa, Pili, Rocío y Mari Carmen.

- ¿Vas a casa de tu abuela?- preguntó Pili.

- Sí.

Juntas las cuatro, emprendieron el camino a casa. Iban bromeando y armando bulla, pero Raquel no participaba del alborozo general: algo maquinaba su cabecita pensante.

Al día siguiente, en el recreo, propuso un plan a sus amigas:

- Podíamos escribir cuentos.

La idea no fue bien acogida por la mayoría, sólo Luisa y Rocío se mostraron interesadas. Las tres quedaron aquella misma tarde en casa de Raquel para empezar sus historias.

A la hora de la merienda se reunieron allí y mientras comían sus bocadillos ideaban temas y argumentos. Para cuando llegó la madre de Raquel con tazas de humeante chocolate, Luisa ya había decidido sobre qué iría su cuento: contaría la aventura de unos chicos que van en un barco y naufragan.

- Yo quiero hacer algo del espacio- dijo Raquel, que siempre estaba en la luna y se negaba a bajar de allí.

Sólo faltaba por elegir tema Rocío; no encontraba nada de su agrado, nada sobre lo cual le apeteciera escribir.

Merendando y discutiendo se les pasó la tarde.

- Mañana, a la misma hora- citó Raquel.

Luisa y ella pasaron la noche dándole vueltas a sus respectivos argumentos; Rocío, intentando encontrar algo interesante que escribir. Al día siguiente, en el recreo, volvieron a reunirse las tres para hablar de su proyecto, porque estaban tan ilusionadas que no podían pensar en otra cosa.

Rocío hizo al fin el esperado anuncio:

- Voy a escribir una historia del Oeste, o una de detectives.

Por la tarde, en cuanto salieron del colegio, fueron a casa de Rocío para que dejara la cartera y recogiera su merienda y el cuaderno donde iba a escribir su historia; pasaron después por casa de Luisa, con el mismo fin, y de allí se marcharon a la de Raquel, para merendar juntas y ponerse en seguida manos a la obra.

Antes de empezar a comer, se enfrentaron durante un rato a las hojas en blanco, sin saber muy bien cómo empezar sus respectivos relatos. Luisa fue la primera en escribir algo. Como si eso les hubiera servido de inspiración, Rocío y Raquel se lanzaron bolígrafo en m ano sobre sus cuadernos y comenzaron sus cuentos. Al cabo de media hora habían logrado llenar una página cada una.

El esfuerzo les había abierto el apetito.

- ¿Merendamos?- propuso Rocío, muerta de hambre.

Dicho y hecho. Después de los bocadillos, la madre de Raquel les llevó colacao y rosquillas. Repuestas ya sus fuerzas, se aprestaron a leer en voz alta lo que habían escrito.

UNA AVENTURA DIFERENTE

UNA AVENTURA DIFERENTE

Nadie dijo una palabra. La sorpresa las dejó mudas. Beatriz había cometido una infracción y, según las normas de clase, elaboradas por las propias alumnas, el castigo que le correspondía era limpiar la pizarra durante tres días, pero don Alejandro, sin tener las normas en cuenta, le había impuesto un castigo diferente: quedarse sin recreo y escribir quinientas veces "No debo tirar papeles al suelo".

Beatriz, que prefería la obligación de mantener limpio el encerado a perder un solo recreo, informó al maestro de su error, con muy buenos modales, a pesar de su impulsivo carácter, y secundada por sus compañeras:

- Don Alejandro, el catigo es limpiar tres días la pizarra.

La reacción de don Alejandro fue tan desproporcionada que no supieron de momento qué hacer: se sintió ofendido y las acusó de faltarle al respeto, se alborotó mucho y decidió dejar sin recreo a toda la clase.

De nada sirvieron las protestas. Pero las chicas de sexto tenían un arma de la que valerse: su tutor. Seguro que si le explicaban bien lo ocurrido se pondría de su parte.

Ese día se quedaron, efectivamente, sin recreo. Pero a última hora tenían clase con don Higinio, el tutor. No le dieron tiempo ni de abrir la carpeta que traía. En cuanto entró y saludó, la delegada, hablando por todas, le contó con detalle lo que había pasado. Don Higinio se llevó pausadamente el índice a la punta de la nariz, respiró hondo, dejó pasar unos segundos y respondió:

- Yo hablaré con don Alejandro.

Con tan lacónica frase venía a darles la razón. Resuelto ya el problema, al menos en parte, dio comienzo la clase de Lengua. Para ese día debían haber llevado hecha una redacción de tema libre. podía ser un cuento breve, una reflexión personal sobre algún asunto interesante, todo valía si había sido escrito con serias intenciones de hacerlo bien y no simplemente para quitarse de en medio los deberes.

Don Higinio mandó a Belén leer su trabajo, y después a Mari Carmen. El resto de la clase pasó con la discusión de las alumnas sobre ambas redacciones; don Higinio se reservó el papel de moderador. Antes de acabar, recogió los demás escritos para corregirlos y comentarlos al día siguiente.

Por fin llegó la hora de salida.

EXCURSIÓN EN BICICLETA (3 Y ÚLTIMO)

EXCURSIÓN EN BICICLETA (3 Y ÚLTIMO)

DESCUBIERTAS

Si el de los gatos  había sido un problema individual para cinco de las diez exploradoras, la caída de María José en las zarzas iba a tener repercusiones colectivas y muy graves.

María se asustó al ver las manos arañadas de su hija y, naturalmente, le preguntó cómo se había hecho aquello. María José, sin pensarlo, contestó riendo:

- Salté una roca, y como no iba mirando, ¡bum!, de cabeza a unas zarzas.

- ¿Y a qué tenías tú que saltar una roca, vamos a ver? ¡Que no tenéis cabeza!- contraatacó su madre.

María José esta vez se quedó sin saber qué contestar. Como no dijo nada, su madre sintió mayor curiosidad y, preocupada, decidió sonsacarle a su irreflexiva hija toda la verdad. Lo consiguió: María José no sabía mentir, y tampoco se le daba bien ocultar la verdad a su madre cuando ésta decidía saberla.

María se enfadó mucho con su hija y le prohibió volver a la búsqueda de cuevas, tanto porque veía en ello más peligro del que en realidad podía haber, como en castigo por haber intentado mentirle.

- Pero si no te he mentido- protestó María José.

- No querías decirme la verdad, que es lo mismo- respondió su madre.

Por María se enteró Juanita, la madre de Inma, de la aventura clandestina que habían intentado las muchachas. De boca en boca, la noticia fue llegando a oídos de todas las madres. El domingo por la tarde ya lo sabían todas ellas. Las reacciones fueron variadas. Hubo quien tomó medidas drásticas y prohibió term¡nantemente las excursiones en bicicleta; las menos, no pusieron trabas a las exploraciones; y una aplastante mayoría, tras superar el enfado ocasionado por la mentira de las chicas, vetó la búsqueda de cuevas, pero no las excursiones en bicicleta.

En una cosa coincidieron todas las madres: sus hijas merecían un castigo por embusteras. Y lo cierto es que ninguna escapó sin él.

Alguna mente obstinada propuso en el recreo del lunes continuar a escondidas sus exploraciones, pero ¿cómo iban a conseguir mantener el secreto otra vez?

Ya era imposible.

FIN

28-Octubre-1990 

Colección La Sirena: EL CAJÓN DE PEPÍN

Colección La Sirena: EL CAJÓN DE PEPÍN

Cuento de Andreu Dòria con ilustraciones de Mercè Arànega. EL CAJÓN DE PEPÍN pone de manifiesto el valor de la imaginación y los juegos compartidos. Tres niños y un cajón son los protagonistas de maravillosas historias. La imaginación de los niños hace mágico un gran cajón vacío que se transforma en un barco pirata y en muchas otras cosas.

Como la propia vida; permítaseme una anécdota: jugando con las hijas de unos amigos, un gran cartón en el suelo nos sirvió de alfombra mágica y viajamos al País de los Cuentos. Fue una excursión estupenda.

Cuento muy recomendable para niños, y mucho más recomendable aún para padres.

EXCURSIÓN EN BICICLETA (2)

EXCURSIÓN EN BICICLETA (2)

LOS GATOS

 

- ¿Qué es eso?

La pregunta se repitió en las casas de cinco chicas de sexto cuando sus madres las vieron llegar con un bulto en las manos o escondido entre las ropas.

La madre de Rocío no puso ningún impedimento para que su hija se quedara el gato, pero sí algunas condiciones: sería Rocío exclusivamente quien se ocupara de él, y debería cuidar de que no pasara a la casa.

Paquita, la madre de Ana, reaccionó aún mejor: cuando su hija le enseñó la cría, le preparó un canastillo y la dejaron allí porque ya era la  hora de comer. Pero en cuanto comieron y recogieron la cocina, limpiaron al gatito y arreglaron bien el canasto; Ana calentó leche y se la dieron a beber al animalillo, que ya no parecía asustado.

Si Paula y Paquita habían aceptado la presencia de los gatos, Pepa, la madre de Luisa, no tuvo que enfrentarse al problema de hacerlo o no hacerlo porque su hija le comunicó que aquella misma tarde le llevaría la cría a Tere, pero, a buen seguro, no le hubiera importado quedarse el animal, porque le gustaba y tenerlo en el enorme patio no le hubiera causado problemas ni dado un gran trabajo. De todas formas, Luisa había pensado regalárselo a su amiga y a ella le gustaba que su hija tuviera esos detalles.

Esperanza vio algo raro en la actitud de su alocada Amanda y pensó: "¿Qué estará tramando?". Una rapidísima ojeada le permitió descubrir bajo el jersey, que su hija traía hecho un lío entre los brazos, un bulto bullente.

-¿Qué es eso?- preguntó.

Cuando Amanda iba a negar que llevara algo, un maullido le cortó en seco la palabra y la inventiva.

Su madre no se enfadó, estaba acostumbrada a los disparates que se le ocurrían a su hija menor, pero se negó rotundamente a quedarse con el gato, porque no le gustaba tener animales dentro de casa.

- Llévaselo a tu abuela, y que lo tenga en el patio. Y si no lo quiere, que se lo dé a tu tía Rufina, o a alguna vecina.

Amanda no djo nada, pero empezó a pensar si habría alguna forma de quedarse con el animal sin que su madre se enterara. Tuvo que desistir de la idea porque era imposible llevarla a cabo.

La reacción de Asu no difirió de la que había tenido Esperanza. Cuando Pili apareció con el gatito, convencida de que su madre iba a permitirle tenerlo, ésta se negó a conceder tal permiso.

- Dáselo a tu abuela.

Pili no lo pensó dos veces y siguió de inmediato el consejo de su madre. Pidió a su abuela que le dejara tenerlo allí.

- Yo le cuido, abuela, sólo quiero que me dejes tenerlo aquí.

 Su abuela no supo negarse a tan razonable argumento.

Syriana o la ceremonia de la confusión

Syriana o la ceremonia de la confusión

¿Buena película? No sé; valiente, sí; realista y verosímil, también. El argumento, sencillo; su desarrollo en imágenes, confuso. Se presentan la trama y los personajes como si se desparramaran sobre la mesa las piezas de un puzzle y se les fuera echando un vistazo rápido, demasiado rápido para familiarizarse con ellas y facilitar la tarea de encajarlas. Esa presentación en escenas breves y rápidas genera una confusión innecesaria: da la sensación de que hay más personajes de los que en realidad son, y más hilos argumentales. ¿De esta manera te obligan a prestar atención y a pensar? Puede, pero también se consigue con un desarrollo narrativo más claro. Las interpretaciones, impecables.

Un clásico

Un clásico

Siempre me recordó su mirada la de Gable, y lo comenté en un artículo anterior. No soy la única en ver el claro parecido. Quiero compartir con los lectores de esta página esta imagen espléndida que corrobora de forma obvia mi impresión. De esta foto me sirvo para confirmar visualmente mi opinión: Clooney es un clásico por buen hacer, por buen estar, por apostura y galanura a la antigua.  Clooney es único, sin comparaciones.

EXCURSIÓN EN BICICLETA

EXCURSIÓN EN BICICLETA

EXCURSIÓN EN BICICLETA 

Las chicas de sexto no podían parar quietas mucho tiempo.

- ¿Y si nos vamos a buscar cuevas?

La propuesta fue aceptada por unanimidad: ni una objeción, ni una protesta. Absolutamente todas estuvieron de acuerdo.

Ahora venía la parte más difícil del asunto: ¿dónde buscarlas?

- Por la lancha la Rastraera.

- Por Santa Isabel.

- Pol La Colmena.

Transcurrió un recreo, transcurrió otro, y en el curso del tercero, tomaron por fin una decisión.

- Pues por La Colmena- concluyó Amanda tras contar los votos.

La razón para ir allí no podía ser más convincente: era la zona más alejada y desconocida.

Quedaron para el sábado por la mañana. Hasta entonces tenían tiempo sobrado de hacerse con todo lo que necesitaban: linternas, cuerdas, tizas, cerillas, navajas...

Naturalmente, debían conseguirlo sin que nadie se enterara; o lo mantenían en secreto o su estupendo plan se vendría abajo.

- Si mi madre se entera, no me deja ir.

Y lo mismo que a Tere les ocurría a las demás.

Oficialmente, su aventura sería una excursión en bicicleta.

 

LA EXPLORACIÓN

El sábado amaneció soleado y tibio. A las diez y media de la mañana, hora de la cita, sólo diez de las diecisiete exursionistas se habían presentado.

Esperaron veinte minutos y no apareció nadie más.

- Bueno, vámonos- dijo Mari Mar, un poco enfadada por la ausencia inexplicada de las otras siete compañeras.

Las diez presentes se pusieron en marcha, tenían un largo camino por delante.

Al cabo de media hora de enérgico pedaleo, llegaron a un campo lleno de lanchas, matojos y árboles. Pero no adonde habían decidido ir, ya que cambiaron de idea durante la marcha y tomaron el camino de El Tiemblo; según Inma, por allí tenían más posibilidades de encontrar lo que buscaban.

El ejercicio les había abierto el apetito, así que, antes de lanzarse a explorar, se sentaron en una lancha y repusieron fuerzas devorando fenomenales bocadillos con rellenos variados: fiambre, queso, embutido, tortilla, y hasta algún sabroso filete.

- Tenemos que esconder las bicicletas- se le ocurrió de pronto a María José.

No habían pensado en eso. Afortunadamente, había cerca unas chaparras lo suficientemente grandes y frondosas como para que pudieran ocultar allí las bicis, y eso hicieron.

Cargadas con las linternas y demás útiles indispensables, emprendieron la exploración del terreno.

- Es mejor que nos dividamos en dos grupos- propuso Rocío.

- Y si unas encuentran algo, ¿cómo avisan a las otras?- objetó Raquel.

Amanda ofreció una posible solución: reunirse en las chaparras de allí a una hora y que cada grupo diera cuenta de sus hallazgos.

- Pero se va a hacer tarde luego para volver a casa, no nos va a dar tiempo a explorar ninguna cueva.

- Bueno, pues volvemos otro día. Sabiendo ya dónde está, vamos derechas a ella y no tenemos que perder tiempo en buscar, como hoy.

La solución propuesta por Raquel fue aceptada y, ya todo resuelto, formaron los grupos. Amanda, Inma, Raquel, Mari Mar y Rocío se ocuparían del este; de la zona oeste se encargarían María José, Pili, Ana, Mari Carmen y Luisa.

Cuando por fin iniciaron la búsqueda, Rocío empezó a lamentarse de no haber podido conseguir unos transmisores. Tan pesada se puso, que agotó la paciencia de Inma, y a punto estuvieron de tener una gran discusión si Amanda, Mari Mar y Raquel no hubieran intervenido para pacificarlas.

- Si nadie tiene la culpa. Ninguna teníamos, pues ya está, para qué darle vueltas.

Con esas palabras, Mari Mar zanjó el incidente.

Recorrieron cuidadosamente su zona. En varias ocasiones creyeron encontrar algo; la primera fue cuando Rocío descubrió un agujero bastante grande al pie de una roca, oculto en parte por unos matojos; al verlo, dio la voz de alarme y sus cuatro compañeras acudieron a toda prisa. Pero lo que parecía ser entrada de una cueva resultó no ser más que un hueco entre la base de la roca y el suelo: nada de corredores subterráneos ni túneles secretos.

La misma decepción se llevaron al explorar otras dos aparentes entradas descubiertas por Raquel y Amanda, respectivamente.

En las tres ocasiones ocurrió lo mismo: Inma puso más empeño que ninguna en seguir buscando, contra toda evidencia.

La hora de reunirse con el otro grupo se acercaba, no cabía error, pues habían sincronizado sus relojes: tenían que emprender ya el regreso a las chaparras. Iban impacientes, tenían la esperanza de que María José, Mari Carmen, Ana, Luisa y Pili hubieran tenido mejor suerte.

Al separarse, éstas habían iniciado su búsqueda con mal pie. Pili quería hacer las cosas de una manera; María José, de otra; y Mari Carmen, Luisa y Ana tenían una opinión diferente. Les costó diez minutos ponerse de acuerdo para empezar de abajo hacia arriba, en lugar de  hacerlo de arriba a abajo o de izquierda a derecha. No habían recorrido cincuenta metros cuando un pasadizo entre dos rocas atrajo su atención. Pili se lanzó sin pensarlo entre los peñascos y lo único que pudo anunciar a quienes la seguían fue un desalentado:

- Aquí no hay nada.

Fueron abandonando el estrecho pasaje y se alejaron de allí, siempre hacia arriba.

María José estaba absolutamente convencida de que en esa zona se encontraba la salida de un túnel cuyo punto de partida era el castillo del pueblo. La información que tenía Ana sobre el asunto contradecía la creencia de su compañera, y así se lo hizo saber.

- No, hay uno que va hasta el cerro, hasta la cueva de la Moncloa. Y nadie ha podido salir. Los que han entrado por allí no han vuelto.

- Pero si eso está muy lejos- objetó Mari Carmen.

Luisa, conciliadora, resolvió la situación.

- Pues habrá dos. Y seguro que más; los castillos estaban llenos de pasajes secretos. Por aquí habrá uno y  otro donde dice Ana.

Les parecía mentira no haber dado antes con una explicación tan sencilla.

Animadas por la novedad, reemprendieron la exploración con mucho más ahínco y cuidado: en cualquier parte, cubierta de tierra, de matojos o por una piedra, podía estar la trampilla escondida que buscaban, o bien podía tratarse de una puerta como la entrada de una mina, pero oculta por algo, o también de una cueva al final del túnel, con la boca tapada por una roca. La imaginación les sugería muchas cosas. Y la posibildad de llegar a una dependencia del castillo a través de un largo pasadizo secreto avivaba sus ímpetus.

- Aquí hay tierra removida- anunció Luisa muy emocionada.

Las demás corrieron hacia allí y se precipitaron sobre el hallazgo.

- Alguien puede haber encontrado el túnel antes que nosotras- sugirió Mari Carmen.

María José y Pili, entre tanto, habían tomado la parte activa y escarbaban con sendos palos. Siguieron por espacio de un minuto y, ¿qué encontraron?: nada de trampillas, ni túneles misteriosos, sólo una quijada, una enorme quijada de mula.

En lugar de desanimarse, empezaron a reírse con ganas. Se habían equivocado esta vez, pero eso no significaba que fuera a ocurrir siempre lo mismo. Seguro que la próxima pista las conduciría a algo bueno. Se arriesgarían con gusto a encontrar otra quijada.

Reemprendieron su hasta ahora infructuosa búsqueda con el ánimo bien dispuesto. Cuando llegó la hora de regresar, la buena disposicíón se había convertido en desaliento.

- A lo mejor las otras han encontrado algo- intentó animar María José.

Cada grupo esperaba del otro que hubiera conseguido lo que él no había podido lograr.

Cuando se reunieron pudieron verse uno a otro caras sonrientes y ansiosas.

- ¿Habéis visto algo?

Unas y otras esperaban respuesta afirmativa, pero en su lugar escucharon una negación apagada.

- No, ¿y vosotras?

De nuevo la sonrisa de la esperanza iluminó sus caritas manchadas.

- Tampoco.

Ya sí que no cabía ilusión. Allí no había una sola cueva, y si la había, no habían sabido encontrarla.

Era tarde y no tenían tiempo de quedarse allí lamentándolo. Subieron en sus bicicletas y pedalearon camino de casa. María José fue la primera en llegar, después Mari Mar, a continuación Ana, luego Amanda, siguió Inma, Raquel tras ella, y por último Rocío, Mari Carmen, Luisa y Pili, que vivían en el mismo barrio.

Una buena comida las esperaba en la mesa.

 

 

LO INTENTAREMOS DE NUEVO

Un solo fracaso no era bastante para desanimar a unas chicas tan sedientas de aventura.

Sin contar con las siete desertoras, a pesar de que cada una había dado su razonable explicación al hecho, las diez exploradoras quedaron, procurando guardar el secreto, en verse el sábado siguiente y dedicarlo a la inspección minuciosa de Santa Isabel, terreno que ya conocían un poco porque allí intentaron una vez construir un globo.

A las diez y media en punto, relucían en La Solana diez bicicletas y diez sonrisas. Sin demora, partieron camino del cercano territorio inexplorado dispuestas a no dejar ni un centímetro de él sin escudriñar.

Lo primero que hicieron al llegar fue buscar un lugar donde esconder las bicicletas. No les resultó difícil dar con uno. Después de buscar un poco, encontraron una especie de semicírculo entre dos rocas, al cual se accedía por una boca lo bastante ancha como para permitir el paso simultáneo de dos personas. Había sitio para las diez bicis y allí las dejaron aparcadas en su posición natural, por razón de espacio, y no tiradas, como solía hacer más de una. Disimularon un poco la entrada con unas retamas que arrancaron del interior del refugio y se organizaron para llevar a cabo su segunda exploración. Formaron los mismos grupos que en la primera y se repartieron el terreno. Éste era menos accidentado que el de la expedición anterior, pero las roquedas eran mayores y más intrincadas, el panorama era prometedor. El grupo de Rocío eligió la parte alta y el de Pili, la baja. Empezaron a buscar muy afanadas. Cuando llevaban unos minutos en ello, Inma, muy excitada, comenzó a gritar a sus compañeras, que se  habían dispersado para cubrir más zona.

- ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Mirad!

Llegaron corriendo, una tras otra, y fueron subiendo apresuradamente a la roca donde estaba Inma, la cual formaba un círculo con otros dos peñascos; entre ellos quedaba un espacio interior no muy grande, pero lo más interesante era un amplio hueco bajo el peñasco norte. La única manera de bajar consistía en deslizarse por la roca en la que estaban y saltar cuando la inclinación de la misma quedaba cortada, a una altura considerable del suelo. Era peligroso, pero ni siquiera lo pensaron. Tampoco la subida resultaría inofensiva: tendrían que escalar la accidentada pared de la otra roca. Sin embargo, eso no era obstáculo para ellas. Por turno riguroso fueron deslizándose y saltando de una en una; ya abajo, Inma fue la primera en introducirse por el hueco, puesto que ella lo había encontrado. Tras ella pasó Raquel, que tenía costumbre de hacer tales cosas porque a menudo las practicaba por su cuenta en los alrededores de su casa. Enfocaron sus linternas hacia el interior y unos gemidos respondieron a la luz.

- ¿Quién está ahí?

- ¿Qué hay? ¿Qué hay?- gritaban desde afuera.

Inma y Raquel salieron con la respuesta en las manos: unos gatitos de pocos días.

- Hay otro dentro. Voy a por él.

Dicho y hecho, Inma sacó la última cría.

- ¿Hay alguna cueva?

- No, no hay nada.

No podían subir a los animales,  pero había huecos entre las rocas a través de los cuales podían sacarlos. Rocío, Inma y Raquel escalaron y salieron al exterior. Desde dentro, a través de uno de esos huecos, Mari Mar y Amanda fueron pasándoles las crías. Después escalaron ellas y se reunieron con sus compañeras. Cada miembro del grupo se hizo cargo de un gatito. Con la nueva impedimenta, reanudaron la exploración, una exploración que llegó a su fin sin resultados, o al menos, sin los resultados que ellas esperaban. Acuciadas por el reloj, bajaron hasta el punto de reunión. Pili, María José, Ana y Luisa no habían llegado aún.

Éstas habían comenzado su búsqueda tras una previa distribución del terreno. Se dispersaron, al igual que habían hecho las del otro grupo, y empezaron a escalar, saltar, arrastrarse... Todo iba bien hasta que María José saltó tras una gran piedra sin mirar y aterrizó en unas zarzas. No gritó. Intentó desenredarse ella sola, pero tuvo que desistir y gritar pidiendo ayuda. A los gritos, acudieron las demás, asustadas. Con mucha maña, consiguieron sacarla de allí; tuvieron que quitarle espinas de todas partes, pero, afortunadamente, pocas le habían dañado de verdad: la ropa gruesa la había protegido y sólo tenía pinchazos en las manos y en los antebrazos, porque llevaba recogidas las mangas hasta el codo. Le limpiaron las heridas con un pañuelo y el agua de una de las cantimploras, que Pili llevaba colgada al hombro. Mari Carmen quiso vendarle los arañazos cubriéndoselos con los pañuelos, pero María José prefirió dejarlos al aire porque estaba convencida de que era mejor. En lugar de quejarse o arredrarse, ahora que ya había pasado todo les contó a las demás lo ocurrido riendo a carcajada limpia y arrancándoles risas a ellas; cuando pudieron dejar de reír, reemprendieron la exploración, pero con tan infructuosos resultados como el otro grupo, con el cual se reunieron a la una en punto.

Tras comunicarse recíprocamente el fracaso de sus inspecciones, llegó el momento de contar las  peripecias notables de sus andaduras.

Los gatitos suponían un problema: ¿quién iba a quedárselos? La solución fue inmediata: Ana se llevaría uno; Rocío, otro; Luisa se hizo cargo de un tercero, para regalárselo a Tere, y los dos últimos se los quedarían Amanda y Pili.

Tanto caminar, saltar y escalar, sin contar el pedaleo de ida, les había abierto el apetito, así que, sin perder un minuto, recogieron de las bolsas sus bocadillos y la emprendieron a mordiscos con ellos, unos mordiscos tan colosales que cualquiera hubiera creído a los bocatas sus enemigos mortales.

A la vista de su segundo fracaso, tomaron la decisión de reunirse un sábado más y recorrer la zona de la Rastraera.

Pedalearon juntas hasta La Solana y allí se despidieron.

 

 

Carta de amor adolescente para George: el destinatario

Carta de amor adolescente para George: el destinatario

Carta de amor adolescente para George (2ª)

Carta de amor adolescente para George (2ª)

Carta de amor adolescente para George (3ª)

Carta de amor adolescente para George (3ª)

Carta de amor adolescente para George (1ª)

Carta de amor adolescente para George (1ª)

Efectos ópticos: CUADRO DE DOBLE VISIONADO

Efectos ópticos: CUADRO DE DOBLE VISIONADO

Precioso cuadro, pero sujeto a interpretaciones. Dime, lector: ¿ves el elegante perfil de un varón barbado de serena mirada? ¿O acaso ves el de una mujer leyendo frente a una ventana que luce recogido el cortinaje dejando pasar la luz? Veas lo que veas, es hermoso.

Caballero Clooney

Caballero Clooney

He de confesar mi educación anticuada y mis modales obsoletos. Pertenezco a una generación que daba mucha importancia a las formas, a los llamados buenos modales. No creo, como las feministas radicales, que la actitud que se muestra en la imagen implique menosprecio de la mujer, todo lo contrario. El caballero y caballeroso Clooney besa la mano de Raquel Weisz con respeto y casi con veneración. Querido George, me has dado una razón más para admirarte; me has devuelto a la adolescencia cuando al perderla perdí mi mitomanía recalcitrante. Siento por tí un amor platónico de jovencita soñadora y sé que si me besas como lo haces en la imagen con tu compañera, me derrito como chocolate puesto al fuego. Te equivocaste de Raquel, querido.

Disquisiciones lingüísticas: ¡COÑO! ¡NOS QUEDAMOS SIN ESPAÑA!

Disquisiciones lingüísticas: ¡COÑO! ¡NOS QUEDAMOS SIN ESPAÑA!

Pues señores, he aquí que suprimida la ch, si deciden prescindir también de la ñ, no sólo nos dejan sin el poco léxico coloquial que nos quedaba para referirnos al sexo femenino, sino que nos dejan además sin nombre propio para el Reino de España. ¿Cómo lo llamaríamos? ¿Este país, antes llamado España?

Desde luego, ya no podríamos irnos de cañas con los amigos, pero tampoco extrañaríamos a los ausentes, no hay mal que por bien no venga.

Lo siento por los políticos (en realidad no  lo siento, es sólo una forma educada de hablar; la verdad es que todos ganaríamos mucho en este caso): ya no podrían hacer campaña. (Eso sí que estaría bien, casi me dan ganas de pedir que supriman la ñ)

Tendríamos días, semanas y meses, pero no años (por una simple cuestión de buen gusto prescindo de escribir el sustituto obvio al vocablo). Habría que reestructurar el transcurso del tiempo, casi nada.

También afectará al campo anatómico: nos vamos a ver sin pestañas, sin muñecas (¡¿cómo diantre vamos a sostener las manos?!) Y para colmo nuestros hijos ya no lo serán de nuestras entrañas.

Los niños ya no serán niños ni podrán jugar con muñecos.

No nos alegraremos los Santos con buñuelos y castañas asadas; no podremos celebrar los cumpleaños (quedaría feísimo celebrar los cumpleanos)

Habrá quien pueda verse en situación comprometida: al no poder recurrir al impersonal vocativo "Cariño", deberá utilizar el nombre propio de la pareja. Si no hay terceros, no hay problema. Pero si existe el otro o la otra (¡Viva la copla! y que viva doña Concha; Piquer, se entiende), existe también el riesgo, sobre todo en los momentos de intimidad amorosa, de equivocarse de nombre. ¡Qué situación!

Para evitar la prolijidad, voy a dar por finalizado este artículo, pero  reflexionen, queridos lectores: ¿CÓMO SOBREVIVIREMOS SIN LA ESPAÑOLÍSIMA Ñ?

INSPIRACIÓN

INSPIRACIÓN

Por curioso que resulte, tratándose de una fotografía de Ava Gardner, este artículo no es de Cine, sino de moda.

Observen el modelazo de Ava: ese escote, esa línea sirena sólo puede permitírselos alguien con un cuerpo como el suyo. No sé quién firmaba el impresionante vestido de noche, pero tampoco hace al caso. Si siguen la prensa rosa, recuerden la boda de Luis Alfonso de Borbón con Margarita Vargas, hagan memoria y piensen en la madrina, la madre del novio, Mari Carmen Martínez Bordíu y su modelo de John Galliano para Dior. Parece un calco del que luce Ava en esta imagen, sólo faltaría conocer el color del que luce la estrella para terminar de establecer comparaciones.

Hay que reconocer que la madrina iba espléndida, no sé si adecuada a la ocasión o no, pero muy guapa y luciendo tipo (ella puede). Pero al lado de Ava, sale perdiendo. Mari Carmen, estupenda; Ava, insuperable.

Y sobre Galliano: ¿inspiración o plagio?

Efectos ópticos: ¡SE MUEVEN! ¡PUES NO SE MUEVEN!

Efectos ópticos: ¡SE MUEVEN! ¡PUES NO SE MUEVEN!

El truco está en que sólo se mueven, o dan sensación de moverse, aquéllos que no miramos fijamente. La fijeza de nuestra mirada, fija el movimiento y lo detiene. Comprobadlo.

"El cartero de Neruda"

"El cartero de Neruda"

Preciosa novela escrita por Antonio Skármeta. Narra la especial relación que se establece entre el poeta Pablo Neruda y el cartero que se ocupa de llevarle el correo hasta Isla Negra; todo ello con el fondo de un Chile convulso política y socialmente. Es una novela de sentimientos que dice lo que narra y lo que calla. Los personajes están perfectamente logrados, están vivos, son de carne y hueso, y la relación que se establece entre todos ellos está contada de una forma tan clara y al mismo tiempo tan poética que es una maravilla. Una gozada de lectura.