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Cajón desastre

ELLA

ELLA

El lobo estaba herido y triste. Un cazador lo había disparado y la bala había rozdo su pata. La herida le escocía. Se le había llenado del polvo del camino. La lamía, intentando calmar el dolor.

No podía hacer nada por sí mismo, y los hombres lo temían.

Dispararían de nuevo sobre él si lo veían, creyendo que iba a atacarlos. Pero no el hombre de la cabaña... Él era diferente de los demás hombres. Su instinto lo condujo hacia él. Era un hombre fuerte y vigoroso, casi tan alto como los árboles centenarios que poblaban el bosque. Algunas arrugas surcaban ya su rostro moreno y curtido. Sus ojos eran profundos, como si hubieran alcanzado la verdad. Sus grandes manos y su extraordinaria configuración física habrían dado miedo de no estar su aspecto suavizado por una mirada serena y protectora. Todos lo llamaban "El solitario de las montañas". Nadie se ocupaba de él, salvo para criticar su carácter, que no se habían preocupado de conocer, o lo que hacía las raras veces que bajaba al pueblo.

El lobo cayó antes de llegar a la cabaña, aullando lastimeramente.

El  hombre dejó sobre la mesa el vaso de café que estaba tomándose, miró por la ventana y salió. Se acercó al animal y lo examinó atentamente. Cogiéndolo con cuidado, lo metió en la cabaña y lo colocó junto al fuego. Limpió bien la herida y la cubrió con un trozo de tela limpia.

- Espero que comas esto- dijo echando al lobo un trozo de carne que aún no había guisado.

Se lavó las manos y terminó el café después de recalentarlo.

Salió al bosque. Tenía que cazar algo para la comida. El último pedazo de venado que le quedaba se lo había echado al lobo herido.

Anduvo un trecho, sin prisas, redescubriendo, como cada día, la belleza que le rodeaba. El bosque estaba lleno de vida, y le gustaba darse cuenta de ello cada mañana, cada minuto del día.

"No se conoce nunca del todo el bosque. Es como la vida. Cada día hay algo nuevo que descubrir, algo bello en lo que no habíamos reparado", solía pensar en sus largas horas de soledad.

Al llegar a un claro, avistó un ciervo de impresionante cornamenta. Si conseguía abatirlo tendría carne para una buena temporada.

Lentamente, sin hacer ruido, cargó la escopeta, la amartilló, fijó sus ojos en el blanco... El animal cayó al primer disparo. "Buen tiro -se dijo- No ha sufrido"

Recogió la pieza cobrada, un macho viejo de gran tamaño, lo cargó en las espaldas y emprendió el regreso a su cabaña. Una vez allí, cuarteó el animal y se dispuso a adobar los pedazos. Tuvo trabajo hasta la caída del sol.

Había adquirido la costumbre de leer después de la cena, mientras consumía pausadamente su pipa, y, fiel a ella, cuando hubo dado cuenta de la comida, cogió un libro y se acomodó en la mecedora, que él mismo había hecho, junto al fuego. El lobo dormía.

"Si mañana puede andar, deberá volver al bosque"- pensó el hombre.

A la mañana siguiente un sol pálido adornaba el bosque.

Se levantó antes de la aurora y se fue al lago. Le gustaba ver amanecer desde allí, recostada su espalda en un árbol. Contemplaba extasiado cómo el sol subía... y subía...

Al principio era un disco naranja y se elevaba despacio. Cubríalo todo de un resplandor irreal, majestuoso. Y poco a poco se tornaba amarillo, como si, tras desperezarse, hubiera vestido una túnica de oro que extendía sobre las colinas de pendientes suaves y sobre el bosque ocre y verde, y sobre el espejo del lago helado y sobre aquellas otras montañas escarpadas de poniente y sobre el campo que había más allá del agua...

Todo despertaba y él quería que al renacer recibieran su saludo todas las creaturas, por eso abandonaba el lecho antes de que cantase el gallo y se iba allí. Se llenaba de paz.

Le gustaba sentir en la cara el aire fresco de la mañana, le daba fuerzas para afrontar el día con optimismo.

Cuando la sonrisa del sol ya era abierta y brillante, se levantó, contempló una vez más toda aquella belleza que le rodeaba y comenzó a caminar con paso firme en dirección a su cabaña.

Tenía que reparar la alacena.

El invierno era duro, pero aún se sentía satisfecho: si bien el frío era intenso, el bosque le proporcionaba no sólo con qué combatirlo, sino también todo aquello que necesitaba para subsistir. Los muchos años que había vivido en él le habían enseñado los misterios que ocultaba. Si a los hombres el bosque les parecía triste, él sabía que estaba lleno de vida, de una vida a la que un día decidió pertenecer. pero no había sido fácil conseguirlo, lo había logrado poco a poco, luchando por ello. Por eso ahora lo considerba tan suyo. Apenas tenía ya conciencia del tiempo que vivió entre los hombres, esos seres de su misma especie tan llenos de contradicciones. Y, sin embargo, él era uno de ellos, pero privilegiadoa: había encontrado lo que buscaba.

" La especie  humana...- pensaba- Buscan, pero sin saber qué, ni dónde encontrarlo, ni qué hacer con ello ¡Si tan sólo quiseira despojarse cada hombre de su egoísmo...!"

Pero acaso él también era egoísta.

Lentamente pasó el invierno. Y de nuevo despertaba el bosque.

El hombre de la cabaña estaba muy alegre. Mientras se aseaba cantaba muy alto una vieja canción que había aprendido de niño y había entonado muchas veces como mozo bajo las ventanas de las muchachas del pueblo que sus padres y muchos otros valientes y arriesgados fundaron.

La noche anterior el hombre de la cabaña había hecho una lista con todas aquellas cosas que era necesario comprar en el pueblo, al cual se disponía a bajar esa mañana.

Sentía la primavera, podía respirarla, palparla casi, aprehenderla con todos sus sentidos.

Una alfombra de resplandor amarillo mullía sus pasos camino del pueblo.

Iba silbando, sujetando con una mano la rienda de su borriquillo y con la otra apretando el tirante de su mochila. Lástima que no hubiera podido reparar el carro, pero necesitaba para eso las herramientas que iba a comprar. Caminaba con el sol de frente y lo sentía como un amigo.

Sabía que al llegar al pueblo todos iban a mirarlo y murmurar, pero ya estaba preparado para ello, y, además, estaba tan contento que no le imprtaba, hasta le divertía la idea.

En tanto tiempo de soledad no había perdido el buen humor, se había dado cuenta de que la alegía nace del interior y hace que todo parezca bueno, de que no son las cosas las que nos la dan.

Pensando y silbando, el camino se le acabó sin sentir. Enfiló la calle principal, ató su borriquillo en la baranda del porche del almacén grande y entró abriendo una puerta tan desvencijada que temió qudarse con ella en la mano.

Un empleado con cierto aire fatuo se adelantó al mostrador desde un apartado que había tras él y le preguntó secamente qué deseaba. El hombre de la cabaña, dispuesto a divertirse, le entregó la lista que llevaba, adoptando una falsa actitud intimidada. El empleado se volvió aún más seco al comprobar el efecto que creía haber causado en el cliente con su tono autoritario.

- Sí, bien- engoló la voz- Dentro de una hora le tendré preparado el pedido. Vuelva para entonces.

El hombre de la cabaña estaba sediento y se marchó a pasar ese tiempo en un local donde apagar la sed que lo aguijoneaba. Pero no aguantó allí una hora, sólo había fanfarrones y ociosos; apuró su cerveza y salió con rapidez. Desde el porche echó una ojeada a su alrededor y vio la calle polvorienta y asolanada. Había un gran alboroto de gente que iba y venía, riendo, hablando, dando fuertes voces. Damas muy peripuestas paseaban cogidas del brazo, cuchicheando y saludando con una sonrisa afectada a cuanto conocido encontraban.

El hombre de la cabaña bajó los escalones que elevaban el porche sobre la calle y se sumergió en aquel maremágnum agradable y anónimo. Se dejó llevar un rato, andando sin rumbo, siguiendo a la gente, dejando fluir su sociabilidad. Vio ante sí el hotel y decidió pasar. Todo era confortable y lujoso. Buscó el bar y fue a él. Se acomodó en una mesa. Probablemente la consumición sería cara, pero no le importaba. Para una vez que bajaba al pueblo no iba a escatimar unas monedas.

El hall estaba muy animado: el tren acababa de llegar y los viajeros entraban buscando alojamiento, previamente reservado en algunos casos, pero no en otros.

Y de súbito, su mirada se ancló en una aparición. Ella, esbelta y segura, había entrado allí.

Sus miradas se cruzaron...

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA DESCONCERTABA CON SUS CAMBIOS DE ACTITUD, TAN AMABLE A VECES, TAN DISTANTE OTRAS, A VECES PARECIENDO QUERER, OTRAS INDIFERENTE. NO ERA CAPAZ DE ENTENDERLO, ESTABA PENDIENTE ELLA DE CADA GESTO DE ÉL, DE CADA PALABRA SUYA, DE CADA MIRADA, TENÍA QUE INTUIRLO CADA VEZ Y CADA VEZ SENTÍA MIEDO AL ENCONTRARLO, AUN ANTES DE QUE LO VIERA. ¿CÓMO ESTARÍA? ¿TENDRÍA ESA NOCHE AL AMIGO CARIÑOSO QUE SE PREOCUPABA DE ELLA? QUIZÁS ENCONTRARÍA AL HOMBRE QUE PARECÍA DESEARLA  Y LE DIRIGÍA MIRADAS INDIRECTAS CONTINUAMENTE; O AL CHICO INDIFERENTE QUE SÓLO LA SALUDABA Y LA IGNORABA YA EL RESTO DEL TIEMPO. CADA NOCHE ERA LO MISMO PARA ELLA: SIEMPRE PENDIENTE DE ÉL PARA INTERPRETAR SUS GESTOS, SUS PALABRAS, SUS MIRADAS, PARA INTENTAR SABER.

Y ALGUNAS NOCHES, EL AMIGO COMÚN QUE LA ESCUCHABA Y LA ACONSEJABA: AMIGO DE ELLA, AMIGO DE ÉL, UN AMIGO AL QUE CREÍA CONOCER Y QUE CONOCÍA SUS SECRETOS, UN AMIGO DEL QUE NADA SABÍA REALMENTE Y AL QUE LLEGARÍA A SABER, ALGUNA VEZ, CON EL TIEMPO.

LA NOCHE, LA NOCHE, LA NOCHE TORTURADORA, LA NOCHE DEL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE, SUS NOCHES: NOCHES VIVIDAS PARA ÉL, NOCHES EN ÉL DESPERDICIADAS, AMÁNDOLO CADA NOCHE, INVADIENDO AL DÍA CADA UNA DE SUS NOCHES CON ÉL, SIN ÉL. LO AMABA Y LO DESEABA, Y LO NECESITABA POR ELLO; NECESITABA DÁRSELE, COMPARTIRLO TODO CON ÉL, SU DÍA Y SU NOCHE, SU PAZ, SU ALEGRÍA, SUS PREOCUPACIONES, SUS AFICIONES, SU TRABAJO, SU OCIO, SU MESA Y SU CAMA: SU VIDA, VIVIR CON ÉL, VIVIR PARA ÉL.

LA MUÑECA ROTA

Dirigió sus ojos hacia la pobre muñeca rota. A menudo se había preguntado, aún se preguntaba, si aquel minúsculo y viejo trozo de trapo tendría alma. Cuando niña, la respuesta era inmediata. Cuando niña...

Se había mirado muchas veces en los ojos tristes de la vieja muñeca rota. A veces le había parecido percibir en ellos una luz alegre, o un suave reproche por algo. Era, sin duda, más que un juguete. Era un ser de otro mundo, una vida que en nada se parecía a la de los humanos, algo especial, con sus largas trenzas rubias de lana y su boquita pintada de un rojo intenso que muy raramente parecía sonreír. Tal vez no tuviera motivos...

Ella le hacía bonitos vestidos en las lánguidas tardes de verano, sentada bajo un paraíso, mientras abuelita, mamá, las tías y alguna visita ocasional, atendían eficientemente a sus labores de media, ganchillo o bordado y, al mismo tiempo, a una conversación que a veces interrumpían para contar algún punto.

Cuando se cansaba de coser, correteaba por los jardines con su pequeña y querida muñeca en los brazos. Le hablaba como a una niña y al llegar al lago, invariablemente le decía: "Ten cuidado. Si te caes y no estoy cerca puedes ahogarte. Un día te enseñaré a nadar, cuando seas mayor", segura de que podía oírla y entender sus palabras.

Ahora, cuando el tiempo había roto la magia de aquellas apacibles tardes, pensaba: "De todos modos, mi pobre muñeca no habría podido gritar "socorro""

Nunca le había dado un nombre. Tampoco lo había necesitado. Para ella, ésa era su querida muñeca y no había otra. Siempre le había profesado aquel afecto especial, lleno de ternura y dedicación. Tenía para ella una cunita de madera tallada donde la acostaba todas las noches y se imaginaba hacerla rezar y decir sus oraciones.

Nada había para ella más real que la vida de su muñeca.

¡Pobre muñeca de ojos tristes inmensos! El tiempo había estropeado sin compasión su cuerpecito de trapo y serrín. Su boquita era ahora pálida, sus miembros desproporcionados... Pero era la puerta dorada que le devolvía recuerdos de un tiempo decadente.

La guapa muñeca formaba parte de su mundo de sensaciones infantiles.

De pronto se sintió incapaz de recobrar aquellas vivencias que habían constituido el sustento de sus ilusiones siempre.

Dirigió sus pasos inconscientemente hacia la habitación que había ocupado cuando niña. Buscaba sin saberlo la cunita. Nadie más había vuelto a habitar la casona. ¿Estaría aún allí?

Se acercó al pueblo. El sol rozaba los tejados. Le recordó sus cuentos infantiles: era un pueblecito blanco, bajito y luminoso. Los claveles y geráneos ponían una nota de color en las limpísimas fachadas.

Antes había bajado a menudo hasta allí, siempre con su rubia muñeca entre los brazos, o de la mano, como la llevaba a ella mamá.

En el jardín vivía aún aquel hermoso paraíso bajo el que dejaba correr las largas tardes de los cálidos verandos de su infancia. Por algún milagro, aquel árbol aún podía cobijar con su sombra sueños e ilusiones.

Ella recordaba un embarcadero de madera clara y una barca de remos con un nombre: Matilde.

Grabada a fuego en su mente llevaba la imagen de su padre dando las últimas pinceladas en el costado sólido y firme del bote. "Era muy guapo" Y sonrió dulcemente con este pensamiento.

Ya no volvió a verlo. Nunca supo la razón.

Allí conoció su primer amor de adolescente. No recordaba su nombre, pero su rostro jamás podría olvidarlo. Ahora, en la distancia, le parecía todo irreal, producto de un sueño maravilloso. Sintió de nuevo sus ojos, tan profundos, mirándola con suavidad, como si le acariciase la larga melena flotando al viento.

Tenía todo aún aquel color de las viejas estampas, el color rubio del champán, el color del sol sobre los camps de trigo dorado.

Con su muñeca había cortado muchas veces en esos trigales amapolas, tan encarnadas como sus mejillas tersas de adolescente.

Quiso y le fue imposible recuperar la tibieza del sol encendiéndolas, tiñendo de vida rosa su piel. Hasta el sol era más frío.

Caminó lentamente, casi con miedo, solemnemente hacia el bosque; buscaba inconscientemente en su verdor algún signo del pasado. Avanzaba despacio, sobrecogida por su esfuerzo, abrazando a su muñeca, la muñeca rota tran frágil como sus sueño. Y al borde del bosque perfumado por la brisa, frente al lago limpio y claro, halló grabada su vida en una rama, a punta de navaja: un corazón atravesado por un flecha en cuyos extremos había unas iniciales y una fecha, 20-6-1925. Su muñeca sonrió...

MONTGOMERY CLIFT 2

MONTGOMERY CLIFT 2

Siempre me gustó Monty. Siempre me fascinó esa mirada profunda y atormentada que despertaba mi instinto de protección al mismo tiempo que me arrastraba a imaginar qué oscuros secretos le torturaban. Pero he aquí que una foto, ésta, me ha llevado a un descubrimiento maravilloso: la espléndida carnalidad de sus muslos, a la vista de la cual son otros los instintos que se despiertan. Nunca hubiera imaginado así a Monty, tan apetecible bajo su aspecto algo etéreo, lejos de la sexualidad que proclama la anatomía estupenda de sus piernas. Podría cerrar perfectamente este artículo con un suspiro de deseo diametralmente opuesto a lo platónico de los sentimientos que siempre tuve por Monty, y sería comprensible, ¿verdad?

LA NOCHE NOS ATRAPA

Dieron las doce en el reloj. Como cada noche, a esa hora se encendió el cartel luminoso del mercado, que estaba en la acera de enfrente, y pasó por la puerta del bar el camión de la basura, dejando tras de sí un olor insoportable y a la gente apiñada en el interior del local.

- Es Chanel 5- ironizaba alguien.

- No, qué va, es Poison- seguían la broma.

- Pues chicas, a mí me huele a Carolina Herrera- decía una tercera.

Las protestas contra la ruta del camión de la basura y las anécdotas relacionadas con el hedor que éste dejaba a su paso ocuparon los veinte minutos siguientes. De un tema en otro, la tertulia fue prolongándose y el tiempo transcurriendo. En el bar ya sólo quedaban Ana, Carmen, Pedro y Tasio.

Éste ya había apagado las luces y sólo tenía los focos grisáceos que mantenía encendidos mientras cerraba. Se disponía a lavar los últimos vasos cuando Carmen, que tenía prisa por irse y no quería hacerlo sin Tasio, se ofreció a ayudarlo, pensando que el barman no iba a hacerle caso. Sin embargo, a su brusca y poco sincera oferta:

- Anda, trae la escoba.

Tasio no dudó un momento y se la puso en la mano. Rompieron a reír Pedro, Ana y Pepe, que se había reincorporado tras ir al cajero automático, Tasio, y la propia Carmen con más ganas que nadie. Y así se encontró haciendo algo que sólo hacían allí los de confianza. Al día siguiente le tocaría a Ana. Ya estaba todo listo para cerrar, pero a alguien, no importa a quién, se le ocurrió tomar la última copa y Carmen se vio tras la barra sirviendo Dyck con cocacola y un Dyck con agua para Tasio.

- Ponnos unos cacahuetes- pidió Pepe.

Antes de que Tasio pudiera impedirlo, Carmen ya había colocado sobre la barra un platillo con los cacahuetes.

- Voy a tener que despedirte- amenazó el barman.

Cuando iban mediadas las copas, Ana empezó a meter prisa.

- Venga, acabaros eso y vamos a ver a Esteban, que ya es la una y media.

No surtió mucho efecto su apremio. Todavía tardaron un cuarto de hora cumplido en terminar las bebidas y entonces sí echó Tasio el cierre y subieron los cinco al pub de Esteban. No esperaban ver allí a Carlos, suponían que estaría en el garito con los demás.

- El Chiqui se estaba poniendo pesao y me he venido. Están hasta el culo de copas y ya me estaban tocando los cojones.

Así explicó su presencia en el pub. Inmediatamente fue pidiendo

- Elena, alhaja, un café... dos cafés...

A una indicación de Carmen, rectificó

- Un café, un té y unas copas.

A continuación se dirigió a la máquina del tabaco y sacó un paquete de Habanos.

- Elena, lechuza, qué bien enseñá la tienes. Se ha quedado con la vuelta.

La máquina, a veces, no daba el cambio. Elena abrió la caja y le dio a Carlos un par de monedas.

Tasio miraba una tabla en la que Esteban marcaba los pagos correspondientes a cada uno de los que aportaban para jugar a la loto. Tenía una peña y sus miembros eran bastante numerosos. Vio Tasio que debía dos semanas, pagó y adelantó otras dos. Pepe, cosa rara, lo llevaba al día. Carlos satisfizo su deuda de una semana y pagó un mes por adelantado. Esteban hacía cruces y más cruces sobre el papel. Ana comía con la cucharilla la crema de su café mientras Carlos y Pepe se burlaban de esta costumbre suya.

Pedro hablaba por los codos y a cada muestra de ingenio arrancaba carcajadas a los demás, sobre todo a Carmen y a Ana, que eran de risa fácil y escandalosa.

Las dos y cuarto, hora de irse.

- Me van a echar de casa, mañana me echan- se lamentaba Ana con regocijo y sin el menor pesar.

Todas las mañanas -y si no era por la mañana era a la hora de la comida- le caía alguna bronca por trasnochar teniendo la obligación de madrugar al día siguiente para ir al trabajo. En su casa no conocían el encanto de la noche y ella tampoco era capaz de explicarlo, peo lo sentí en toda su fuerza, de forma que seguía acostándose de madrugada y levantándose aun antes de amanecer, y soportando, unas veces con mejor humor que otras, la reprimenda diaria.

Como Carlos también se veía en esa situación, Carmen, por juego, les había ofrecido alojamiento en su casa, y ahora discutían qué habitación ocuparía cada uno.

- Para tí la habitación grande, que eso es una nevera; yo me quedo calentita en el cuarto de estar. Eso sí, para salir a la calle tienes que pasar por allí, así que cuando te vayas a trabajar, como te irás antes que yo, no me despiertes.

- ¿Y le vas a dejar pasando frío? ¿Tú sabes lo mal que se pasa? Anda, no seas mala; siendo grande la habitación...- bromeaba Esteban.

- Uy, Carmen tiene unas mantas...- ese "Uy" de Ana y su forma de no terminar las frases resultaban de lo más expresivo.

INGRID BERGMAN

INGRID BERGMAN

Una de las actrices más bellas de todos los tiempos. La sonrisa más alegre y natural que le he visto jamás en foto alguna.

LA NOCHE NOS ATRAPA

Carmen y Ana bajaron juntas al bar. Una noche más, o al menos eso sentían.

- Hola, socias, ¿qué va a ser?- saludó Tasio.

- Dos cafés con hielo- pidió Ana.

Tasio, en silencio, se acercó a la cafetera y se puso a ello. En tanto salía el café, preparó platos y cucharillas y un par de vasos de caña con hielos. Ana lo tomaba sin azúcar; Carmen, con un sobrecillo. Estaban entre los contados parroquianos raros que no tomaban alcohol habitualmente, aunque Carmen se permitía de vez en cuando algún licor de fruta, incluso algún Baileys. Cuando no tomaba café, Ana bebía agua mineral y, en invierno, manzanilla. Era objeto de numerosas bromas por esta causa, ella misma se reía de su abstinencia. Pocas veces bebía alcohol, poquísimas: tres en dos años. La falta de costumbre hacía que cogiera el punto con medio daiquiri, única bebida alcohólica que le gustaba. Según sus propias palabras, controlaba lo que hacía y lo que decía, pero era incapaz de controlar la risa, reía sin poder parar por cualquier cosa que pensara, viera u oyera.

Al primer sorbo de café, Ana ya le cantó la alabanza.

- Está bueno, fuerte, fuerte.

Carmen asintió.

Llegaron Carlos y Pepe. Hicieron un saludo general y pidieron su copa.

- Tasio, danos de beber- exigió el primero.

- Y de comer- añadió Pepe.

- A cenar a casa- contestó Tasio poniendo cara de chiste.

Fueron llegando los demás. Esa noche no faltaba casi nadie. Paco se metió tras la barra para ayudar a Tasio. El bar estaba repleto; la terraza, también. Todo el mundo hablaba muy alto, las consumiciones se pedía a gritos; en el rincón de la tele, zona privilegiada, se discutía a voces sobre fútbol; alguien pedía a un amiguete que estaba en el otro extremo de la barra un paquete de tabaco, Choni llamaba desde fuera a Sara para que le pidiera una verde y Sara reaccionaba de inmediato subiendo mucho la voz:

- Tasio, una verde.

Al ruido de las voces se sumaba el de vasos y botellas, el sonido de la tele y la música que sonaba en el casete.

- Tasio, quita eso- gritaba Pedro.

Y Tasio, sirviéndose del mango de la escoba, apagó el televisor.

- Pero bueno, pon música, tío, quita esa mierda- se quejaba Paco.

Para él, lo que se oía no era música, sus gustos iban por otro lado.

Pepe se levantó para ir al servicio y Paco, que estaba de pie, asió el taburete con increíble celeridad y asentó regocijado sus posaderas en él. Ante la protesta de Luis, el hermano de Pepe, una respuesta típica del Tasio’s:

- Quien fue al retrete perdió el taburete.

Luis no supo qué responder.

En otro grupo, Pedro hablaba de teatro con Ana y Carmen, las cuales formaban parte de una asociación que pensaba llevar a escena "Maribel y la extraña familia"

-...sí, sí. Hombre, a mí me gustan los clásicos: Lope de Vega, Calderón...

- Bernabéu- cotinuó Ana la relación.

- Eso ha estado bien- admitió Pedro- Vas aprendiendo, vas aprendiendo.

Lo estaban pasando bien, muy bien.

 

NOCHE, CÁLIDA NOCHE SIEMRE NEGRA Y BRILLANTE, FASCINANTE SIEMPRE COMO EL MISTERIO, NOCHE CÁLIDA CON SU SONRISA BLANCA, NOCHE, IRRESISTIBLE NOCHE QUE SEDUCE Y NOS ATA CON LAZOS DE SANGRE ARDIENTE, CON LAZOS DE DESBOCADO AMOR, AMOR A LA NOCHE, AMOR POR LA NOCHE INEFABLE Y HERMOSA COMO UN VERANO ETERNO.

 

FUE UNA NOCHE DE VERANO. SU TRISTEZA SE HABÍA DESBORDADO Y ACUDIÓ A ÉL. LA CONFORTÓ. TUVO SUS BRAZOS Y SUS BESOS, AMOR DE UNA NOCHE DE CIELO OSCURO EN QUE FUE FELIZ COMO NO LO HABÍA SIDO NUNCA.

YA NUNCA FUE IGUAL. PERDIÓ SU AMISTAD. ÉL SE FUE ALEJANDO, ELLA FUE HUNDIÉNDOSE. OTRA VEZ AL BORDE DE LA VIDA, EN EL LÍMITE MISMO DE LA CORDURA. EL MIEDO Y LA TRISTEZA EN SU CORAZÓN, LA DESESPERENZA Y LA DESAZÓN DE LA INCERTIDUMBRE Y DEL DESCONCIERTO ANEGÁNDOLE LAS VENAS, INUNDÁNDOLE SU VIDA, SU MUERTE. ¿CÓMO SEGUIR SIN ÉL?  

SOBRE ESEEMEESES (O SEA, MENSAJES CORTOS)

SOBRE ESEEMEESES (O SEA, MENSAJES CORTOS)

Vaya por delante mi absoluta falta de respeto hacia esta nuevo sistema de incomunicación que son los eseemeeses (o sea, mensajes cortos) y hacia su característico no lenguaje. Confieso también mi absoluta incapacidad para escribir eseemeeses, algo comprensible si se tiene en cuenta que mi formación académica es fruto de un plan de estudios en el que era fundamental el aprendizaje lingüístico (lectura y escritura). Hecha esta declaración de principios en términos absolutos, trato de encontrar ese punto de referencia que me permita relativizar tan extremosos asertos. Antes, los mensajes cortos eran telegráficos y entendibles, siempre que se emplearan adecuadamente los signos de puntuación. Ahora la brevedad afecta a la sintaxis y además ha modificado el léxico y la ortografía, vamos, que para mí un eseemeese es poco menos que un mensaje cifrado. Y yo que creía difícil la taquigrafía; claro, que ésta no dejaba de tener un mero valor instrumental; yo misma, en momentos de necesidad o de aburrimiento, he jugado con distintas posibilidades de modificación lingüística, vamos, que al tomar apuntes a toda prisa he utilizado abreviaturas de mi cosecha, como todo el mundo; y recuerdo haber aprendido a escribir como un reflejo horizontal y vertical simultáneamente durante las interminables e insoportables clases de filosofía del instituto; pero tanto los textos taquigráficos como mis apuntes se vertían después a un clarísimo y correcto castellano. Decididamente, voy a tener que ponerme al día y aprender el lenguaje eseemeese, aunque bien pensado, para qué, si prefiero la conversación.

EL HOMBRE TRANQUILO

EL HOMBRE TRANQUILO

Pocas veces me he reído tanto con una película como con "El hombre tranquilo". Lo tiene todo, un guión inmejorable, un reparto de lujo, ritmo, humor, un punto de ternura... Una de esas películas que una no se cansa de ver, y que siempre deja un buen sabor de boca.

CLOONEY, EL ÚLTIMO GALÁN

CLOONEY, EL ÚLTIMO GALÁN

No es su mejor foto, probablemente, pero en ella muestra lo que merece. Su talento, indiscutible. Pero no es eso lo que voy a destacar. Clooney es el último galán, tiene la apostura, la gallardía, el atractivo varonil y la clase de los galanes del Hollwood de antaño. Y esa mirada, pícara e irónica, esa sonrisa de gamberrete tierno y fuerte, es la del Clark Gable de "Sucedió una noche". Clooney pertenece por derecho propio y evidente al viejo star system, a la Edad de Oro de Hollywood, es un maravilloso anacronismo en el cada vez más vulgar mundo del cine.  Gracias, George, tú has conseguido que vuelva a soñar.

ROCK HUDSON

ROCK HUDSON

Sugerente perfil de uno de los actores más guapos y bien plantados que fabricó Hollywood. Hoy día sería un proscrito, y no hablo de su homosexualidad, que vivió en un obligado secretismo. Observen su mano y deduzcan. ¿Me sancionarán por difundir esta foto? Da igual, de jovencita, Rock Hudson era uno de los objetos de mis suspiros, y aún ahora, perdida o adormecida mi mitomanía cinematográfica, sigue gustándome a rabiar.

LA NOCHE NOS ATRAPA

-¿Quién ha ganado??- pregunta Elena.

-¿Quién va a ganar?- responde Carmen.

Ana, como casi siempre, había ganado la partida.

Era la una y media de la madrugada.

-¿El último café?- propuso Carmen.

Lo tomaron en la barra, mientras charlaban con Elena.

A las dos menos diez se despidieron hasta la noche siguiente. Ésta había sido divertida en el bar, agradable en el pub de Elena y Esteban. No siempre era así: había noches aburridas, noches tristes, noches alegres, noches tranquilas y revueltas, y noches de luna llena. No hacía falta mirar al cielo, con observar a la gente de la noche se sabía que brillaba una luna oronda y sonriente, con toda su esplendorosa redondez presidiendo la fiesta. Ánimos alterados, excitación, calor, marcha, eran algunas de las sensaciones que esas noches invadían el ambiente y se adueñaban de todos los noctámbulos habituales. Las voces y las risas subían de tono, también las bromas. Sexo, sexo, sexo... que se quedaba en palabras y, quizás, en alguna ducha fría. Pero no siempre, ni en todos los casos.

 

ELLA EMPEZÓ A AMARLO SIN DARSE CUENTA DE LO QUE ESTABA OCURRIÉNDOLE. ÉL COMENZÓ A SERLO TODO, SE LE FUE COLANDO POR LAS RENDIJAS DE SU TRISTEZA, FUE TOMÁNDOLA CON SU CONSUELO, GANÁNDOLA CON SU CONFIANZA EN ELLA, GANANDO SU CONFIANZA, YA GANADA DESDE SIEMPRE SIN QUE NINGUNO ACERTARA A COMPRENDER POR QUÉ. ROMPIERON SUS SILENCIOS EN PEDAZOS EL UNO PARA EL OTRO, ELLA LE CONFIÓ, LE CONFIÓ ÉL. Y ÉL FUE INVADIÉNDOLE LAS VENAS, HACIÉNDOSELE SANGRE, FUE CONVIRTIÉNDOSE EN SU VIDA A PASOS DE ATENCIÓN Y DE TERNURA.

MONTGOMERY CLIFT, DIFERENTE

MONTGOMERY CLIFT, DIFERENTE

Me gusta esta foto de Monty porque es diferente, en ella se le ve relajado y a gusto, lejos de esa imagen atormentada y profunda que solía ofrecer.

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA NOCHE: SALVAJE, FASCINADORA NOCHE, COFRE DE UN TESORO IGNOTO QUE NADIE HA CONSEGUIDO DESCUBRIR, NOCHE, ODALISCA VELADA, HÉROE INCÓGNITO; NOCHE CON MIL OJOS DE PLATA; NOCHE OSCURA Y PROFUNDA, CIELO DE LUNA DE VERBENA, LUNA LLENA Y BLANCA COMO LA FELICIDAD DE UNA NOCHE DE VERANO.

 ESCLAVOS DE LA NOCHE, HADA Y BRUJA, MAGA HECHICERA QUE NOS SOMETE CON FILTROS Y PÓCIMAS CUYO SECRETO LE PERTENECE Y A NADIE DESVELA. NOCHE SIN TIEMPO, TODO EN LA NOCHE ES MÁS, NOCHE EN BLANCO Y NEGRO, EXTREMO O EXTREMO, NO HAY EN LA NOCHE MÁS OPCIONES. EN LA NOCHE SE VIVE, LA NOCHE SE VIVE, SE VIVE LA FELICIDAD HASTA EL ÉXTASIS, EL DOLOR HASTA LA DESESPERACIÓN; SE VIVEN HASTA EL DOLOR EL AMOR Y EL ODIO. LA CORDURA ESTÁ PROSCRITA, EXILIADA DE LA NOCHE LA TEMPLANZA. LO BUENO O LO MALO, APURAR LA VIDA HASTA EL FIN, SEA EL FIN COMO SEA, SEA COMO SEA LA VIDA, VIVIR...

LA NOCHE NOS ATRAPA

Había caído ya una noche cualquiera de verano. Poco a poco iban llegando los habituales. Pasaban al bar, pedían bebida y, cargados de vaso y taburete, o bien de vaso y silla, salían a sentarse a la puerta y montaban allí una terraza ilegal e improvisada que se extendía a la acera de enfrente, pero aquí sin más asientos que la misma acera, el bordillo, el sillín de alguna moto o el capó de algún coche.

Hoy la terraza estaba al completo: sentados quienes habían conseguido silla o taburete, de pie los más desafortundados o los más retrasados en llegar, habían formado una tertulia sobre nada divertida, vivaz y ruidosa. Entre trivialidades y bromas iba pasando la noche. Trasiego de bebidas del bar a la calle y de ésta al ar, tráfico de vasos vacíos y de cascos vacíos de botellines, cervezas sin, refrescos... Continuo tráfico rodado por la carretera, llenas las terrazas que se veían desde el bar y gente paseando o sentada en los bancos de la plaza situada más abajo daban a la noche el ambiente veraniego y animado propio de finales de julio.

Iban escapando las horas sin dejarse sentir. Los habituales empezaban a abandonar para recalar en otros lugares que frecuentaban y a los que venían a caer cuando cerraba el bar o un poco antes, pero nunca, en verano, antes de la una de la madrugada.

 

UN MUNDO NUEVO: MUNDO REDUCIDO, MUNDO CERRADO QUE SÓLO SE HABÍA ABIERTO ANTE SUS OJOS, PERO NO PARA ELLA; UN MUNDO QUE ESTABA AHÍ, TAN CERCA, TAN LEJOS. DESEABA ENTRAR, SE PARTE DE ÉL, FATAL ATRACCIÓN DE LO DESCONOCIDO; QUERÍA AVENTURARSE SIN SABER, INSENSATA Y DECIDIDA, NO HABÍA ELECCIÓN: LA FUERZA DE LOS SENTIMIENTOS. LO QUERÍA Y ÉL ESTABA ALLÍ, NO HABÍA ELECCIÓN.

DE LO PERFECTO A SU DESTRUCCIÓN, Y ÉL HABÍA ESTADO A SU LADO, SIN ÉL NO HABRÍA PODIDO SUPERARLO; EMPEZÓ A QUERERLO Y SU AMOR FUE CRECIENDO INCONTROLABLE (¿ALGUNA VEZ QUISO REALMENTE CONTROLARLO?) UNA NOCHE TRISTE; SU CONSUELO; UNA NOCHE DE LOCURA, ATRAPADA YA SIN REMISIÓN, AMÁNDOLO YA HASTA LO IMPOSIBLE Y SIN REMEDIO.

 

Ana y Carmen se marcharon a la terraza del pub al que solían acudir, una vez allí cambiaron de opinión y pasaron al interior. Elena estaba tras la barra y le daba a Esteban vasos y botellas que éste iba poniendo en una bandeja para servir en la terraza.

Saludos recíprocos; Ana y Carmen pidieron y, consumición en mano, fueron hasta su sitio habitual, el asiento del fondo derecha, con sus dos mesitas y la tele en una repisa en los alto de la pared. Al entrar al pub se veía a la izquierda una máquina tragaperras, la repisa de la ventana, que servía de asiento, y la barra. Ésta tenía un codo hacia la izquierda y, en el extremo, un refrigerador para enfriar las copas; al lado, colgada en la pared, la máquina del tabaco; frente a la barra, de izquierda a derecha, los aseos y un par de máquinas de videojuego contra una medianería tras de la cual quedaba una de las zonas de tertulia, con su banco corrido de obra, vestido con cojines en verde y negro, un par de mesitas redondas y algunas banquetas. Y por último, el almacén, con su correspondiente cartel de "PRIVADO" en la puerta. Entrando, a la derecha, tres zonas de tertulia con sus bancos corridos, banquetas y mesitas; en la primera zona, orientado hacia la barra, un televisor. Profusión de espejos, abanicos y plantas completaban la decoración del local.

Tras un rato de charla, Ana propuso echar una partida de Trivial y le pidió el juego a Elena. Entre sorbo y sorbo de café -Ana- y de té -Carmen- iban tirando el dado, preguntando y respondiendo; no jugaban ortodoxamente, su forma de jugar era mucho más divertida: cuando aquélla a quien le tocaba contestar dudaba o desconocía la respuesta, quien había hecho la pregunta le daba pistas, a veces clarísimas, a veces menos, pero siempre con el riesgo de que fueran malinterpretadas. Eso ocurría también cuando jugaban con otros amigos.

- En el país de los ciegos, el tuerto...

Paula debía completar el refrán y Ángel trató de sugerirle la idea de una corona girando un dedo alrededor de la cabeza, pero Paula entendió otra cosa y remató el refrán a su manera:

- El tuerto lleva boina.

La carcajada fue estruendosa, general y prolongada.

En ocasiones, alguien acertaba por pura casualidad:

-¿Cuáles son las minas más pequeñas?

Y Ana, tras pensar en unos cuantos metales, sin saber qué responder, dijo en broma:

- Las de los lapiceros.

Y acertó. Esta vez lo estruendoso, general y prolongado fue la protesta a carcajadas.

DE CINE 4

DE CINE 4

Grace Kelly, la elegancia. Sobran comentarios.

GRACE KELLY

GRACE KELLY

Una foto juvenil de la actriz, sin sofisticaciones. Belleza natural.

LA NOCHE NOS ATRAPA

UN MUNDO NUEVO Y DESCONOCIDO SE ABRIÓ DE REPENTE ANTE ELLA; TRASPASÓ EL UMBRAL TÍMIDAMENTE Y SIN MIEDO. DEJABA ATRÁS SU MUNDO COTIDIANDO DE AÑOS, EL MUNDO A SU MEDIDA QUE ELLA HABÍA CREADO, UN MUNDO A SU MEDIDA AMABLE Y CERCANO. RENUNCIÓ A ÉL. INCURSIONES BREVES EN UN MUNDO ÚNICO Y DISTINTO, EN UN MUNDO DE REALIDAD SOLA Y DESNUDA, Y LA INTROMISIÓN FINAL: ATRAPADA, SIN SALIDA. YA PARA SIEMPRE ENGANCHADA A LA NOCHE, ADICTA A UN LABERINTO CAMBIANTE, NOVIA DE LA NOCHE BRUJA Y FASCINANTE, DE LA NOCHE NEGRA SIN NORTE, ENGAÑOSAMENTE CAMBIANTE, HAMBRIENTA COMO UN LOBO, PELIGROSA E IRRESISTIBLE COMO UN TIGRE, NOCHE SALVAJE A LA QUE NADIE DOMINA, QUE A TODOS DOMINA CON SU PODER OSCURO, CON SUS LUCES QUIMÉRICAS COMO LAS BROMAS DEL DESTINO.

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA NOCHE NOS ATRAPA

Era un local alargado y pequeño, con una barra como media cruz gamada, una máquina de tabaco a la izquierda de la entrada, una máquina tragaperras, una de videojuego y una mesa con algunas sillas a la derecha de la misma, frente a la barra; y al fondo, el aseo. Un espejo detrás de la barra y otro mayor enfrente permitían ver indirectamente cuanto se quisiera mirar de modo furtivo. Media docena de taburetes y una estufa de gas en invierno -dos ventiladores en verano-, un calendario juego con todos los meses de treinta y un días y un calendario con la fotografía de un bodegón, jamón en primer plano, eran algunas de las características que daban peculiaridad al bar y lo convertían en un bareto con encanto. Pero era sobre todo el barman, como le gustaba ser llamado, medio en broma, medio en serio, quien atraía con su amistosa actitud a los muchos parroquianos que acudían a su local, bareto de amigos en guerra por conseguir un taburete, por disfrutar barra, y, en el colmo de la buena suerte, o de la habilidad, lograr una cosa y la otra sin dejar ninguna, bajo ningún pretexto, el resto de la noche.

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA NOCHE NOS ATRAPA

LA NOCHE NOS ATRAPA. LA NOCHE ES UNA FIERA ÁVIDA QUE NOS DEVORA, UN LABERINTO DEL QUE RESULTA IMPOSIBLE ESCAPAR. TE VA ENVOLVIENDO LA NOCHE Y SÚBITAMENTE LO DESCUBRES, CUANDO YA ES IMPOSIBLE LA HUIDA, CUANDO QUERERLA SIQUIERA NO ES MÁS QUE UN SEGUNDO DE CORDURA, UN FULMINANTE DESTELLO EN MEDIO DE LA TORMENTA INFINITA, UN INSTANTE DE LUZ, DE PAZ, DE CALMA INVEROSÍMIL EN EL REINO DE LA DESMESURA. TIENE LA NOCHE DIMENSIONES PROPIAS, EN LA NOCHE TODO SE INTENSIFICA; TODO ADQUIERE PROPORCIONES QUE NOS SOBREPASAN, EN LA NOCHE INTENSA Y VIVA, PALPITANTE CORAZÓN DE UN MUNDO QUE YA SÓLO AMA LA NOCHE.