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Cajón desastre

El sobrao

Nostalgias televisivas: SPACE 1999 (II)

Nostalgias televisivas: SPACE 1999 (II)

Alan Carter, el mejor de los pilotos, el más valiente, el más decidido, el más guapo. Pilotaba, en su calidad de jefe, el Águila Uno. El australiano Nick Tate interpretaba el personaje con mucho convencimiento y credibilidad.  Alan, inteligente, guapo, valiente y leal, nos enamoró a todas hasta que Tony Verdechsky llegó para hacerle la competencia y entonces repartimos la admiración.

Efectos ópticos: SEGÚN CÓMO SE MIRE

Efectos ópticos: SEGÚN CÓMO SE MIRE

Si ves un rostro en la sombra, tienes razón. Si ves la silueta de un saxofonista narigudo, también la tienes. Dos puntos de vista que no se excluyen, y no es un milagro. Todo consiste en saber mirar como mira el otro.

Efectos ópticos: ¿VES O LEES?

Efectos ópticos: ¿VES O LEES?

Observa el dibujo. Parece un perfil, ¿verdad? Y lo es. Ahora sigue observando, pero inclina un poco la cabeza hacia tu derecha, ¿qué lees? Todo depende de la perspectiva. Es lo que parece, y más, como casi todo.

Esos extaños seres...

Esos extaños seres... Amigos son aquellos extaños seres que nos preguntan cómo estamos y esperan a oír la respuesta.

SOBRE ESEEMEESES (O SEA, MENSAJES CORTOS)

SOBRE ESEEMEESES (O SEA, MENSAJES CORTOS)

Vaya por delante mi absoluta falta de respeto hacia esta nuevo sistema de incomunicación que son los eseemeeses (o sea, mensajes cortos) y hacia su característico no lenguaje. Confieso también mi absoluta incapacidad para escribir eseemeeses, algo comprensible si se tiene en cuenta que mi formación académica es fruto de un plan de estudios en el que era fundamental el aprendizaje lingüístico (lectura y escritura). Hecha esta declaración de principios en términos absolutos, trato de encontrar ese punto de referencia que me permita relativizar tan extremosos asertos. Antes, los mensajes cortos eran telegráficos y entendibles, siempre que se emplearan adecuadamente los signos de puntuación. Ahora la brevedad afecta a la sintaxis y además ha modificado el léxico y la ortografía, vamos, que para mí un eseemeese es poco menos que un mensaje cifrado. Y yo que creía difícil la taquigrafía; claro, que ésta no dejaba de tener un mero valor instrumental; yo misma, en momentos de necesidad o de aburrimiento, he jugado con distintas posibilidades de modificación lingüística, vamos, que al tomar apuntes a toda prisa he utilizado abreviaturas de mi cosecha, como todo el mundo; y recuerdo haber aprendido a escribir como un reflejo horizontal y vertical simultáneamente durante las interminables e insoportables clases de filosofía del instituto; pero tanto los textos taquigráficos como mis apuntes se vertían después a un clarísimo y correcto castellano. Decididamente, voy a tener que ponerme al día y aprender el lenguaje eseemeese, aunque bien pensado, para qué, si prefiero la conversación.

Defensa de la austeridad

Defensa de la austeridad

Confúndese a menudo la austeridad con la tacañería y se huye la austeridad confundiéndola con la miseria. Pero, amigos, no es eso la austeridad, no. La austeridad es una norma de la razón: si con uno o con dos tenemos suficiente, ¿para qué más? Pero, ¿ha de ser ese uno o han de ser esos dos de mala calidad? Aquí es, amigos, donde está la frontera entre la virtud de la austeridad (consumir lo suficiente y bueno) y el vicio de la tacañería (escatimar en la cantidad y la calidad)

Si a mi cuerpo, para mantenerse sano, le bastan tres comidas moderadas, ¿por qué obligarlo con excesos a trabajar más de lo que debe e ir así avejentándolo con trabajos forzados que podría muy fácilmente evitarle?

Si con media docena de sillas cómodas, una mesa que no cojee, uno o dos sillones confortables, incluso tres, y un armario sólido y estético se llena una sala, ¿para qué añadir cosas superfluas cuya limpieza va a requerir un trabajo extra no justificado por una utilidad de la que carecen, ni siquiera por un sentido de la belleza, a menudo ofendido por la acumulación de objetos que, sin duda, destacarían más en un digno aislamiento que en medio del caos?

Incluso alimentar con austeridad el espíritu pertenece al ámbito de lo razonable. Sobrepasar los límites de nuestra capacidad para asimilar conocimientos y sensaciones conduce a la locura: estalla nuestro cerebro saturado, algo se rompe en nuestra mente y en nuestro corazón.

Y, amigos, ¿quién puede vivir sin corazón?

Defensa del consumo

Defensa del consumo

Consumir es un deseo universal que todos procuramos satisfacer para sentir el placer que nos proporciona disfrutar de esto y de aquello, probarlo todo, experimentarlo todo. El que consume, prueba, esto no hay prueba que lo rebata, y el que prueba y cata aprende. Y si aprende gozando, ¿qué más pedir?

Con sumo gusto consumimos y al consumir aprendemos, sensaciones, formas, pensamientos.

Querría, si pudiera, hacer un elogio del objeto de consumo, pero ya su nombre es un poema: sacrificado objeto de consumo. Sí, sacrificado en aras de nuestro placer y de nuestra instrucción.

¿Cómo andar por esta vida sin consumir aunque sea un pedacito de pan diario? Y ya puestos, ¿por qué no aprender cada día de una pierna de cordero y experimentar el placer de saborearla? ¿Cómo apreciar la vida sin esas comodidades que nos procuran objetos de consumo como un sillón confortable, una mesa que no cojea, unas bonitas cortinas?

Otros objetos de consumo alimentan igualmente el espíritu: ¿se puede ampliar mucho éste sin consumir libros, sin consumir buena música, sin consumir tantas y tantas cosas que abren nuestras mentes y nuestros corazones?

Deliberadamente he evitado elogiar los objetos de consumo lujosos, pero ya no resisto la tentación de hacerlo. ¿No es una gozada disfrutarlos si se poseen? ¿No se disfruta soñando poseerlos?

Las cosas que no sirven para nada son las que nos hacen más felices.

Así pues, para vivir hay que consumir, y el que no consume, amigo, se consume.

 

¿A QUÉ COÑO SE VA A UN BAR?

 

mimismidad

Name:mimismidad

02 enero 2006

¿A qué coño se va a un bar?

 


Voy a empezar a fumar. Lo he decidido. ¿A qué coño se va a un bar? A beber y a echarse el cigarrito. Nunca he fumado, la ley me induce a ello. Soy fumadora novel, criminal no, delincuente sí. ¡Qué emoción!