En otros menesteres
Curiosa fotografía de dos grandes estrellas ejerciendo de militares en la vida real. Ocurrió durante la segunda guerra mundial. Ellos no necesitan presentación: Clark Gable y James Stewart.
Curiosa fotografía de dos grandes estrellas ejerciendo de militares en la vida real. Ocurrió durante la segunda guerra mundial. Ellos no necesitan presentación: Clark Gable y James Stewart.
Cuento recogido por Sara C. Bryant, adaptado por M. Eulàlia Valeri e ilustrado por Fina Rifà, en versión castellan de T. Ackerman.
Se trata de un cuento de estructura encadenada que favorece el desarrollo de la memoria. Muy válido también para aprender verbos.
La doctora Julie Parrish, líder de la Resistencia (Faye Grant)
Mike Donovan (Marc Singer) y Ham Tyler (Michael Ironside), de la Resistencia.
Mira con atención, lector: ¿dirías que son paralelas? ¿o no lo son? Una pista: fíjate en las líneas, no en los cuadrados.
Si es que era un hombre, ¡qué se puede esperar! Freud, muy listo, muy inteligente, científico y todo lo que tú quieras, lector, pero hombre al fin y al cabo. ¿Qué esperabas que tuviera en la cabeza?
Ava Gardner en una imagen preciosa de colorido kitch absolutamente evocador. No sé a qué película corresponde esta foto. Ni siquiera sé si en realidad se trata de un fotograma de promoción. Tal vez es sólo una fotagrafía del estudio para la prensa. En cualquier caso, los ojos de Ava reflejan una serenidad que desmiente esa pose entre altiva y sensual. Mira a la cámara, pero su pensamiento está en otro lugar. ¿En qué pensaría mientras posaba? ¿Qué clase de idea le proporcionaba la paz que se advierte en la mirada? Más allá de cualquier otra consideración, la foto es preciosa y es una gozada contemplarla.
Como las chulapas de don Hilarión: una morena y una rubia. El rubio y el moreno. El serio y el guasón. El guapo y el resultón. Hicieron época sus métodos, su aspecto y su vestimenta. No había adolescente, de cualquier sexo, que no quisiera un jersey como el de Starsky, y una cazadora como la de Hutch (no la de esta imagen, sino la blanca y azul marino tipo College). Y el coche de Starsky, el Ford Torino rojo, inconfundible, llevó a muchos a la invención del tunning. Otros personajes de la serie: el capitán Dobey (con más paciencia que Job) y el confidente chulillo Huggy Bear. No me perdía ni un episodio. Ni yo ni nadie.
- ¡Con madera!- gritó Raquel- Pero si es muy fácil. Compramos o cogemos madera y hacemos un cajón grande y alto.
La solución era tan simple que todas se preguntaron cómo no se les había ocurrido antes.
Ahora ya se hacía tarde para permanecer allí. Tendrían que reunirse mañana en el recreo y tomar de nuevo decisiones.
Fueron todas juntas hasta La Solana y allí se despidieron hasta el día siguiente. Estaban de muy buen humor: los chicos no habían ido a molestar y ellas habían resuelto los graves problemas que planteaba la construcción artesanal de un globo. Una tarde estupenda.
La reunión matinal fue un éxito: se acordó que cada una acaparara cuanta tela pudiera conseguir y se formó una delegación para comprar la madera necesaria; según sus cálculos, no sería mucha, porque todas podían aportar algún cajón inservible y cosas por el estilo.
- Mañana otra vez aquí para ver lo que tenemos; y por la tarde, a Santa Isabel- concluyó Amanda.
Pero hasta la llegada de la tarde siguiente, hubo de transcurrir la de aquel mismo día, una tarde en la que diecisieta pacientes madres tuvieron que soportar las insistentes peticiones de tela hechas por sus hijas a intervalos de cinco minutos.
A la pregunta materna:
- ¿Para qué la quieres?
respondía la hija evasivamente:
- Para una cosa.
Bellísima en tu madurez, Ava Gardner. Preciosa foto de la espléndida madurez de una de las mujeres más hermosas que se han dedicado al cine. Actriz de talento (Inmensa en MOGAMBO), vividora innata, y guapa hasta el extremo. Bien se refleja en la imagen.
Ave, Ava Lavinia. Te saluda por mi boca tu legión de admiradores. Bella hasta el extremo. Tu talento, indiscutible, como tu hermosura. Pero no es eso lo que quiero alabar hoy. Tuviste el valor de elegir y el coraje de vivir como habías elegido. ¿Te equivocaste? Tal vez, como todos, pero hiciste lo que querías hacer, te atreviste a vivir, porque era vida lo que te sobraba, y por eso te admiro, equivocada o no, Ava Lavinia Gardner, bella entre las bellas, apuraste la vida con una pasión que venció todos los miedos y las trabas. Ave, Ava, equivocada o no, viviste intensamente y te admiro por ello.
El día cálido de verano transcurre, cae ya la noche ardiente de verano y la calle va poblándose de gente, van llenándose de gente las terrazas y los parques.
Ana y Carmen van al cine esta noche. Bajan al Tasio y a las once menos cuarto suben al cine de verano. La taquilla ya está abierta.
- Dos entradas.
Se las entregan al portero, entran y buscan su sitio habitual; han tenido suerte, está libre. Es un sitio excelente, porque entre esta fila de incomodísimas sillas y la siguiente, hay un amplio pasillo de dos o tres metros, de forma que nadie puede sentarse justo delante, a dos palmos, y entorpecerles la visión. Pero también tiene un inconveniente: se carece del apoyo que supone la silla de delante y eso reduce la variedad de posturas que se puede adoptar para evitar salir de allí con el cuerpo dolorido y cansado, cosa inevitable, por otra parte, aunque se mude la postura cada cinco minutos, dado lo incómodos que son los asientos: sillas metálicas, no anatómicas, precisamente.
Las luces se apagan. Van pasando por la pantalla reportajes de películas que serán proyectadas próximamente, aunque eso no siempre resulta ser verdad.
- Ésa hay que venir a verla- se regocija Carmen cuando anuncian "Labios ardientes".
- A mí no me llama mucho. La crítica la ha puesto mal. Pero claro, fíate tú de la crítica- se contradice aparentemente Ana.
Tres o cuatro reportajes más y las luces se encienden de nuevo. Carmen va a comprar palomitas y Ana va sacando los pañuelos de papel porque, al parecer, la película es de mucho llorar y su amiga, que gusta de ir al cine para eso, puede necesitarlos.
Por segunda vez, y definitiva, se hace la oscuridad y comienza la sesión. Ana va leyendo los títulos sobreimpresionados, Carmen empieza a dar cuenta de las palomitas. El film de esa noche había obtenido muchas nominaciones para los Oscar, pero no había conseguido finalmente ninguna estatuilla. Así era el cine de verano: pasaban las películas premiadas con el Oscar o que habían estado nominadas para alguno, y otras, generalmente comedias juveniles, que por causas muy concretas podían atraer a un público habitualmente escaso. El local se llenaba en muy pocas ocasiones.
Para Carmen y para Ana éste estaba resultando un verano muy cinematográfico: estaban yendo mucho al cine y les ocurrían algunas cosas de película.
Las imégenes llenaban la pantalla. Hay espectadores que han pagado su entrada para acceder al recinto y otros que, sentados cómodamente en sus terrazas, ven gratis la película o la soportan hasta que no aguantan más y, entrandoen sus casas, cierran a cal y canto puertas y ventanas, a pesar del calor, para intentar inútilmente aislarse, aunque sean un poco, del excesivo volumen del sonido de la película de la algarabía de los asistentes a la proyección.
Van pasando las imágenes: una escena, dos escenas, tres, cuatro. Ana observa de reojo a Carmen y se percata de que aún no necesita pañuelos: tiene los ojos secos. Pero a media película, los ojos de Carmen empiezan a humedecerse y Ana, que se ha dado perfecta cuente, le tiende, riendo, el paquete de klínex.
- ¿Qué hora es?- pregunta Carmen, que nunca lleva reloj.
- Las dos- responde Ana, que jamás se lo quita.
- Debe de faltar ya poco.
- Buh, media hora por lo menos.
El cálculo de Ana resultó bastante exacto. Acabada ya la proyección, y dado que no tenían sueño sí bastante frío, porque en el cine siempre terminaba haciéndolo en la segunda sesión, decidieron bajar al pub de Esteban y tomar algo caliente antes de volver a casa.
- ¿El último café?- propuso Carmen.
- Sí, que mañana hay que trabajar- aceptó Ana.
Efectivamente, ambas tenían que trabajar al día siguiente, es decir, ya ese mismo día, tan sólo unas pocas horas más tarde.
LA VIDA EN SUSPENSO: EL IMPERIO DE LA NOCHE SE HA EXTENDIDO. SUEÑO PROFUNDO, INTENSA VIGILIA, EL DOBLE ROSTRO DE LA NOCHE APASIONANTE; DULCE E INMISERICORDE ROSTRO DE LA NOCHE, OJOS ABIERTOS COMO LUNAS QUE ENCIERRAN TODA LA DULZURA Y TODA LA CRUELDAD, NOCHE ESFINGE, GIOCONDA OSCURA ADORNADA DE CRISTAL, EBRIA DE VIDA Y DE MUERTE; NADIE ENCUENTRA LA RESPUESTA, NADIE ESCAPA A LA NOCHE DE GIZEH.
La divina y El animal más bello del mundo. Así eran llamadas en sus respectivas épocas de esplendor. Garbo, hierática, divinamente hermética, divinamente etérea. Ava Gardner, pura vida, erotismo en estado salvaje, mujer mujer. Me encanta en Mogambo, una mujer de vuelta de todo, pero toda corazón, y con una cierta ingenuidad y un algo de desvalimiento que enamoran. El mito y la estrella, la divina y la humana, tremendamente humana. Más allá del cine.
Me parecería redundante y pretencioso cantar aquí los elogios de García Márquez. Sólo diré que en esta obra se encuentra todo lo que siempre da Gabo: una prosa extraordinaria, un dominio absoluto del idioma y una capacidad narrativa inigualable.
Esta novela de Torcuato Luca de Tena, perfectamente documentada, presenta un doble foco de interés: la verdad sobre el personaje de Alice Gould y el mundo de las enfermedades y trastornos mentales. La trama se presenta con un lenguaje cuidado, los personajes resultan interesantes desde principio a fin, especialmente el de la protagonista; se lee deseando saber. Y se sabe gracias a que el autor recurre al narrador omnisciente para dejar claro el verdadero diagnóstico de los médicos, más allá de lo que ellos expresen e incluso firmen. La leí hace muchos años, con menos bagaje vital, y ya me interesó entonces. Ahora, la lectura ha sido distinta, pero me he sentido igualmente enganchada a la historia. Lo único que parece un poco fuera de lugar son los arranques líricos del autor (¿o del narrador?) a la hora de hacer determindadas descripciones de paisajes. Por lo demás, se lee con mucho interés y con mucha curiosidad.
En todas partes cuecen habas, ¿verdad? El chiste es argentino, pero aplicable perfectamente a la situación que se vive en España.
Genial Mingote, como siempre, claro. Real como la vida misma. ¿Dónde queda eso de "Que gane el mejor"? En política no hay buenos, sino malos y peores. Gracias, don Antonio, por expresarlo tan bien y con tanta ironía. Ha plasmado usted fielmente mi pensamiento y el de muchos más.
Tú, ¿qué dirías?¿es un indio?¿o un esquimal?
La clave está en la línea del ojo. Espero que esta vez sea la definitiva. Si no consigo que mi amable comentarista anónimo lo vea, estoy dispuesta a pedirle su dirección de correo ordinario y enviarle un lámina mucho más detallada y con más señalizaciones.
Querido comentarista anónimo. Siguiendo tu sugerencia, he coloreado y separado la pareja que se besa. Para los demás lectores, ésta es otra de las imágenes que se puede ver en el artículo Efectos ópticos:¿Y TÚ QUÉ VES?