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Cajón desastre

Será divertido volar en globo

DIFICULTADES

En la segunda tarde de trabajo apenas cundió la labor.

- Mi madre me ha dicho que las cosas primero se hilvanan y luego se cosen a máquina- anunció Gemma.

Y aquí surgió la primera dificultad, porque hilvanar no sería muy difícil, pero ninguna sabía coser a máquina y no creían a sus madres muy dispuestas a perder su tiempo en hacerles ese trabajo.

- Mi madre sí- aseguró Ana.

Pero no resultó cierta su contundente afirmación y se encontraron al tercer día con varias piezas mal hilvanadas y cinco tablas, porque tampoco Inma, Rocío y Pili habían avanzado nada.

La madre de Ana estaba sobrada de buena voluntad, pero falta de tiempo por el momento, y si querían que lo cosiera, tendrían que esperar a que pudiera encontrar un hueco entre sus ocupaciones.

Por su parte, las carpinteras habían calculado mal la longitud de los clavos y no habían podido hacer nada. Lo malo era que ahora, ya provistas de otros suficientemente largos, no sabían muy bien cómo hacerlo.

Y eso no era todo. Alguien había planteado un problema mucho más difícil de resolver: ¿cómo dirigirían el globo? ¿cómo harían para que bajara?

Haciendo caso omiso a estas sensatas objeciones, siguieron trabajando aquel tercer día hasta la caída del sol. Pero una vocecilla resonaba en sus conciencias, una vocecilla que invadió sus sueños esa noche: ¿Cómo dirigir el globo? ¿cómo  hacerlo bajar?

La despierta mente de Mari Mar le inspiró una idea: consultaría los libros de su hermano mayor, que ya estaba en el instituto; seguro que traían algo referente a globos, aviones y cosas así.

Al día siguiente propuso a sus amigas buscar información en libros adecuados. Se aceptó la propuesta por unanimidad. Esa tarde no se reunieron, sino que la dedicaron a la labor investigadora.

Rocío, Raquel y Luisa no habían mirado nunca los libros de texto con tanto interés y entusiasmo como miraban ahora los que tenían ante sí y cuyos títulos eran tan prometedores e incitantes como "Cinco semanas en globo"", "Globos aeróstaticos: la aventura de volar", "Deportes aéreos", y alguno más con palabras parecidas impresas en la cubierta.

- ¡Bah! Aquí no dice nada- exclamó Luisa soltando desdeñosamente "Deportes aéreos".

Rocío intentaba descifrar los párrafos oscuros de "Globos aeróstaticos: la aventura de volar", con infructuosos resultados.

Raquel, leyendo a Julio Verne, casi se había olvidado del motivo inmediato y práctico por el que lo leía.

Finalmente, toda su aplicación de aquella tarde resultó inútil.

Se unieron todas desoladas al día siguiente en el recreo: nadie había encontrado nada. 

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