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Cajón desastre

Carmelo Gómez (I)

Carmelo Gómez (I)
Jaime V. ECHAGÜE entrevistaba para el número de hoy de La Razón a Carmelo Gómez. Reproduzco la entrevista porque vale la pena. Son las respuestas de un hombre lúcido, inteligente y sencillo.

-Hoy se estrena «La noche de los girasoles», un «thriller rural». Usted, que siempre presume de ser de campo, ¿le ha evocado muchos recuerdos?
   -Sobretodo que está muy olvidado. Si el voto es rural sigue siendo un voto seguro, nadie luchará por ellos. Y tenemos la osadía de ir allí de vacaciones. Mi padre dice algo curioso: «Os lleváis el dinero de aquí, porque los tontos de los padres les mandan las nóminas a los hijos para pagarles los pisos de la ciudad». Y es verdad.
   -Aparte está la dureza del trabajo...
   -Me han venido todos los recuerdos de cuando trabajaba con mi padre. Los rigores del calor, la falta de agua... Lo duro que es eso no lo sabe nadie. Es horrible.
   -¿Qué tiene el «thriller» que parece que acompleja a los directores españoles?
   -Es un género lleno de prejuicios y hay comparaciones. No está inventado por nosotros: si se produce un crimen en España es un acontecimiento extraordinario, pero en Nueva York es uno más. Por eso esta película me gusta: no es género, es realista. A un muerto no te lo puedes quitar de encima nunca.
   -Le perdimos la pista durante un tiempo hasta «El método». ¿Dónde ha estado metido?
   -No me han dado trabajo. Han sido tres años de paro. Cobrándolo, que lo sepa el Estado (ríe).
   -¿De verdad estuvo en el INEM de cuerpo presente?
   -¿No estamos en un régimen general? Pues eso. Hice cola en el INEM y ahí he estado durante una temporada muy larga de mi vida hasta que me dijeron: «Ya ha agotado usted su paro». Lo pasé mal.
   -¿Por qué cree que no tenía hueco?
   -Es el azar. De repente te encuentras con que no encajas con lo que se hace en ese momento. Ahora vuelvo, creo que ayudado por el teatro, y parece que con fuerza. Imanol Uribe y Gonzalo Suárez me llamaban para trabajar en sus películas. Y si ellos no ruedan, yo lo tengo crudo. Esa es la realidad.
   -De todas formas siempre ha sido muy crítico con nuestro cine. Una vez comentó que imitaba a la televisión.
   -A la mala televisión (ríe). Eso decía Woody Allen sobre la vida. He visto al cine español en una gran crisis, intentando crear un producto televisivo para captar a un público que irremediablemente se iba de las salas. Ahora las televisiones son productoras y ellas ponen las condiciones.
   -Vamos, que la televisión sólo en el salón de su casa. Aun así triunfó con «La Regenta».
   -Pero eso era una serie de cine. Entre el cine y el teatro no puedo distinguir, pero si metemos la televisión sí, clarísimamente. Marca una estética y una forma que no tienen nada que ver con lo que percibo. Si regreso es porque necesite el dinero, jamás por gusto.
   -Ni dándole lo que parece que quiere, el público ve cine español. ¿Es un caso perdido?
   -Faltan guionistas y una política que obligue a un nuevo enfoque. Que el cine esté más comprometido con la calle y dejarse de tópicos. Es cine para adolescentes. ¿Por qué han desaparecido Saura, Camús...? Eran nuestro patrimonio.
   Este leonés de 44 años abandonó pronto el campo porque lo suyo era interpretar. Trabajó en una pequeña compañía de teatro hasta que decidió probar suerte en los escenarios de Madrid: en «La Regenta» y «El sueño de una noche de verano» ya desplegaba esa personalidad atormentada que, como él mismo reconoce, le ha encasillado. Su interpretación de un etarra en «Días contados», por la que obtuvo un Goya, le abrió las puertas del cine. Próximamente le veremos en «La carta esférica», a las órdenes de Imanol Uribe.
   
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